Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • El Gobierno inicia el año con problemas pendientes como los Presupuestos, la vivienda o la reducción de jornada
Es muy posible que no los recuerde. Que los vapores de los pasados fastos navideños le hayan oscurecido la memoria y se le hayan olvidado los problemas que dejamos sin solucionar en el año recién terminado. Bueno, pues no importa, no se preocupe que para eso estamos. Yo tengo una orden de alejamiento indefinida de cualquier cotillón que cumplo a rajatabla y los recuerdo perfectamente. El primero de ellos, y que quizás los resuma a todos los demás, es que carecemos de presupuestos. Una contrariedad que no impide el discurrir del tiempo gubernamental, gracias a la abusiva utilización permanente que hace de los créditos presupuestarios, pero que lo dificulta con gravedad. Supone, además, el incumplimiento reiterado del mandato constitucional que obliga a presentarlos. A presentarlos, no a aprobarlos. Si el Gobierno los presenta y no consigue su aprobación, puede dimitir, es lo más digno, o mirar hacia otro lado con expresión ausente y no hablar de ello. Pero no presentarlos, que es la opción elegida por Sánchez, es un nuevo ejercicio de desprecio institucional. Esto del desprecio institucional es algo ya tan reiterado e insistente como las agujas de un reloj y tan inocuo como beberse un vaso de agua para luchar contra el síndrome de Walthlow. (No mire en wikipedia, no existe ese síndrome y por eso no puede curarlo un vaso de agua).

Si bajamos un peldaño, nos encontraremos con que el Gobierno debe decidir con urgencia si asume y apoya las geniales ideas de su vicepresidenta Díaz que quiere reducir el horario laboral, sin merma del salario, en busca perpetua de nuestra felicidad. Una cuestión, esta de nuestra felicidad, que le tiene loca y permanentemente ocupada. O bien escucha a los empresarios -eso se puede obviar, total, solo son quienes los pagan-, o bien -ahí sí que le duele- al ministro de Economía, el señor Cuerpo, que ha heredado las manías de su antecesora, la señora Calviño, y le preocupan las posibles consecuencias negativas de su idea.

El Ejecutivo debe decidir con urgencia si asume y apoya las geniales ideas de su vicepresidenta Díaz

Luego está el problema de la vivienda, de su escasez y su elevado precio que, por su enorme importancia y gravedad ha adquirido especial relevancia entre las preocupaciones ciudadanas. Si recuerda, en las últimas elecciones Pedro Sánchez prometió cientos de miles de viviendas, de las que ha construido (o quizás sea mejor decir, distribuido) unos pocos cientos que estaban ya construidas y eran propiedad de la Sareb. Aquí se enfrenta con muchos problemas, en especial del reparto de competencias con las diversas comunidades autónomas y los ayuntamientos, que tienen esa responsabilidad transferida. No es un problema de dinero, es de orientación legal. Las medidas públicas adoptadas se empeñan en poner palos en la rueda de la oferta, lo que la limita y lo que presiona a los precios, en lugar de tratar de aumentarla para frenarlos.

A muy corto plazo, tendrá que resolver un problema abierto en su reforma fiscal, que es el tratamiento final del gravamen a los ingresos de las energéticas, cuya prórroga prometió a Podemos, a ERC, a Bildu, etc. a la vez que comprometía su desaparición con Junts y PNV, en un alarde de… eso. Si no consigue la convalidación de su decreto, que se decanta por Podemos, tendrá asegurado empezar el año parlamentario con una nueva y estrepitosa derrota.

Aún nos quedaría el entretenidísimo problema de la financiación autonómica en el que no le resultará sencillo obtener el plácet multilateral a la solución bilateral que contempla para ese tema tan abstruso del cupo catalán.

Y para terminar, añada algunos pequeños problemas, como el de Muface y la sanidad de los funcionarios o la subida de los precios con la que iniciamos el año al retirar las rebajas fiscales de alimentos y energía. Si quiere, también puede recordar los problemas que nos llegarán del exterior, con la manía de Trump por los aranceles o las consecuencias del final del conflicto en Ucrania que ojalá se termine y convendrá que nos esperan unos meses tan agitados como ajetreados. Pues nada, siéntese y disfrute. ¡Comienza el espectáculo!