Teodoro León Gross-ABC
- Ella, con un escaño, leía la cartilla al líder del partido ganador, con 26
Es sencillamente delicioso ver a la izquierda radical reinventándose otra vez. ¿Y van…. 40 veces? ¿400? ¿4.000 veces? Con perfecta naturalidad, como el boxeador que encara el undécimo asalto ya destrozado después de encajar golpe tras golpe, vuelven a salir al ring de la política como si nada para postularse al título. Otra vez la Izquierda Fundida va a inventar Izquierda Unida. Eso sí, Maíllo sugiere que Yolanda Díaz no estará al frente, y los de Yolanda Díaz sugieren que ella sí estará al frente, y los de Compromís que ellos con nadie al frente, y todos sugieren que ninguno con Rufián al frente, incluso su propio partido, pero Rufián se sigue viendo al frente… En definitiva, se trata de pasar página a la decadencia de Sumar, pero haciendo otra vez Sumar, como protestan desde Podemos, que fueron la versión 1.0 de Sumar… Al cabo esto sólo es otro New Sumar by Sumar, la misma gente a los mandos volviendo a simular un proyecto nuevo con un cansino aire viejuno.
Tal vez nada define tan crudamente la impostura de esa izquierda como su penúltimo caballero blanco: Gabriel Rufián, ‘el chico que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’, con permiso de Stieg Larsson. Pisó el Congreso anunciando que «en 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana», y lo reiteró en 2016 insistiendo en que «no hay plan B, 18 meses en el Congreso, ni un día más». Diez años después, 120 meses después, ahí sigue, cobrando las extras de 14.000 de vellón entre teatrillo y teatrillo pasillero con una frase ingeniosa. En la izquierda muchos creen que nadie les representa mejor que este tipo dotado para los 140 caracteres pero no del todo alfabetizado, con grandes habilidades para inocular veneno en las redes sociales, que ha pasado de aspirar a romper España a proponerse liderarla. Por sus héroes los conoceréis.
Es encantador ese gen que lleva a cualquier dirigente de la izquierda radical, o extrema izquierda, a hablar en nombre del pueblo… teniendo un 3 por ciento del voto, o excepcionalmente quizá un 6. A petulancia nadie les iguala. Yolanda Díaz exigía estos días a Feijóo, tras las elecciones de Aragón, que revisase su estrategia. Ella, con un escaño, leía la cartilla al líder del partido ganador, con 26. Marca de la casa. Son como Buster Keaton llamando campanudamente a las tropas a seguirle al frente hasta darse cuenta en su carrera de que no hay nadie detrás. Sintiéndose depositarios de la razón, de la verdad, del bien, probablemente no necesitan ni votantes. Desde el lado correcto de la historia, les importa poco la realidad. Y no van a salir de esa impostura porque eso pasaría por asumir que tienen un papel de actores muy secundarios en la escena política. Y así les va, encarando el enésimo ‘restyling’ de la izquierda, volviendo a cambiarlo todo para que todo siga igual. Tanto Sumar, tanto Sumar, para acabar sumando nada o menos. Hasta el cero final.