- Comprenden que apostar por Montero es como tirar una chistorra (quinientos) por la ventana. Nunca alcanzaré el nirvana de Juanma por culpa de Pere Navarro. Ni siquiera sé por qué no puedo con él, con lo que he llegado a aguantar. ¿Usted que cree?
Pere Navarro me irrita, y no quiero. No lo merece. No merece nada. Comparémoslo con la cabeza de la bestia plural: Sánchez. Mira que es el peor, mira que cuanto nos azota le es atribuible, con justicia o por porco governo. Y sin embargo, no me exaspera. A veces me sorprende, sensación interesante. Como cuando parece que no puede ir más allá en sus trapacerías, y va. Te regala un disgusto, es como un susto de película. No lo niegues. Tú eres adicto al ínfimo chute de un like, deja que le vea la parte curiosa, por escasa que sea, a tener de presidente al Buscón llamado Don Pablos, al Lazarillo de Tormes. Algo esconde la profundidad del ser español para que el pícaro luciera tanto en el Siglo de Oro y siga luciendo en el siglo de Hojalata. Que sí, que sí, tú también te reíste cuando el ciego se descalabra contra el toro salmantino, y eso que «más de tres días le duró el dolor». O te reirías si lo leyeras. O sea.
Pero regresemos. Deseaba centrarme en lo mucho que llega a sulfurarme Pere Navarro. Es inexplicable. He llegado a gritar un insulto, sobresaltando a los circunstantes, al leerle lo de «no hay marcha atrás, la baliza ha llegado para quedarse». No puedo reproducir aquí lo que le notifiqué (en rebeldía) sobre la marcha atrás y quién tenía que haberla practicado. Ni el tenor literal de los venablos que eché. ¡No me repitas que no hay para tanto, macho, pesado! ¡Pero si te lo estoy reconociendo! He aguantado estoicamente al botones Sacarino, es decir Napoleonchu, es decir Albares, con toda la falsía que lleva dentro, con toda la traición que le conforma como ser. Dice cosas objetivamente insoportables para un español de bien, ¡y no me cabreo! Pienso «qué Judas, qué felón». Sí, lo pienso. ¿O me van a sancionar por pensar? Pues soy sincero y lo digo. ¿O me van a castigar por ser sincero? El colmo. Con todo, ni Albares ni Sánchez me sacan de mis casillas, no soy de mecha tan corta.
Sin embargo, con Pere Navarro no puedo. Vaya por delante que lo planteo como problema mío, pues, a fin de cuentas, ¿quién es Pere Navarro? Vale, sí, otro ladrillo en el muro del sanchismo. Los hay por centenares, no te vas a poner de los nervios todo el tiempo. Aspiro a una sonrisa beatífica, a una expresión de ataraxia o invulnerabilidad, un poco como Moreno Bonilla cuando repite muy quedo «estabilidad». Seguro que a él no le saca de sus casillas ningún ladrillo del sanchismo con mando en plaza, ni siquiera los periodistas de la claque, que el día menos pensado le acariciarán. Comprenden que apostar por Montero es como tirar una chistorra (quinientos) por la ventana. Nunca alcanzaré el nirvana de Juanma por culpa de Pere Navarro. Ni siquiera sé por qué no puedo con él, con lo que he llegado a aguantar. ¿Usted que cree?