Ignacio Camacho-ABC
- ZP causó más estragos con el ficticio idealismo de su etapa de Gobierno que con esta pragmática reconversión al calor del dinero
Con crueldad vitriólica, Felipe González ha alanceado a Zapatero diciendo que no le cree lo bastante inteligente para montar ese siniestro tinglado de triangulaciones financieras entre sociedades pantalla y testaferros. Entra así en el viejo debate sobre si el ex presidente es aquel ‘bobo solemne’ que dijo Rajoy, una especie de panoli convencido de la superioridad moral de su proyecto, o un ideólogo esquinado de propósitos maléficos. Discusión estéril. Ya sentenció Carlo Cipolla, en su ensayo sobre la estupidez y la maldad, que es posible ser las dos cosas al mismo tiempo y que en todo caso ambos perfiles causan idénticos efectos; sólo que el idiota provoca estragos sin querer y el malvado en su propio provecho. Juzgue cada cual en qué supuesto encaja el retrato del sujeto al que el sanchismo, desprovisto de referentes de prestigio, convirtió en modelo político y ético. Este articulista considera que hizo mucho más daño en su etapa de Gobierno que en esta reinvención al calor del dinero.
El problema es que ahora ha mezclado ambas facetas porque Sánchez se lo ha permitido. El presunto idealista se habría conformado con influir en los asuntos públicos a título gratuito, como creían los simpatizantes que en las campañas electorales lo aclamaban como a un ídolo. En cambio, el lado oscuro de su personalidad aprovechó para unir la aparente voluntad de servicio con el medro en negocios tan ‘discutibles y discutidos’ como el concepto de nación que en sus mandatos sometió a un revisionismo corrosivo. El trabajo de los jueces consiste en dilucidar sin en esa dedicación dual existe conflicto de intereses o confluyen hechos tipificados como delito; lo que ya no tiene vuelta atrás es el deterioro de la reputación de gurú ético adquirida entre una izquierda que él mismo definió como expresión de espíritu altruista y desprendido. Ahora el discurso justificativo reza que ser socialista es compatible con ser rico. Cierto… siempre que el origen de esa riqueza sobrevenida resulte legítimo.
Porque el escándalo no está en las joyas guardadas en la caja fuerte de su despacho, aunque por volumen y aspecto parezcan un botín que Berlín, el ladrón simpático de la serie de Netflix, habría soñado para un atraco. (Sería divertido que los broches de brillantes y los relojes se acabaran revelando falsos). Ese hallazgo tiene morbo pero desvía el foco de la cuestión central, que es el entramado de amigos relacionados con tráfico de divisas y petróleo y con blanqueo de dinero venezolano. Sí, del país donde ZP ejercía como mediador desinteresado para liberar presos y abrir mercados a las empresas españolas gracias a sus contactos. Y donde algunos mal pensados sugieren que luego aparecía una suerte de cobrador del frac –sin frac– a poner el cazo. Si este relato abocetado en la investigación judicial se confirma exacto, no parecería obra de un mentecato. Más bien de alguien muy inteligente y capacitado para sacar réditos del poder blando que acumuló bajo el disfraz de paladín humanitario.