Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Rajoy consigue transformar una semifinal del Mundial en un lío internacional
Tampoco es fácil ser el portavoz teóricamente sensato del PP y tener que salir a defender a un expresidente ocioso que, en vísperas de una semifinal del Mundial, escribe en un digital que Francia tiene buen equipo pero lo que no tiene son franceses. Borja Sémper, tan moderado y cabal, tan Ala Oeste, aclaró ayer que la columna en la que Mariano Rajoy sostenía semejante tesis -Francia, o sea, no juega con futbolistas franceses porque lo hace con futbolistas negros- estaba escrita con sarcasmo y sin mala intención. Si les sirve la opinión de un profesional, eso es imposible. No hay escritura sarcástica bienintencionada. Como no hay estadista sustituible por un bolso. ¿Lo ven?
La explicación de Sémper es además inservible desde el momento en que un supuesto malentendido generado, según se dice, sin intención no se zanja con una disculpa. Viendo la polémica causada y que en Francia protestan desde ministros de Macron hasta representantes del partido de Le Pen, Rajoy, un expresidente del Gobierno, ha tenido tiempo de sobra para excusarse y aclarar que se explicó mal, que solo quiso hacer un chiste o que quizá dictar columnas tras los partidos de España, entre las derivaciones de la euforia y las exigencias del personaje, no sea la mejor de las ideas.
Como la incompetencia sí comienza a ser la peor de las opciones para el PP, Alfonso Rueda propuso ayer otra teoría: fue todo cosa de la retranca. Al presidente de la Xunta solo le faltó recordar que Rajoy es verdaderamente gallego, nacido en Galicia e hijo de gallegos, para arreglarlo certificándole el derecho de cuna a la ironía. A partir de ahí, quizá pueda atribuirse también a la sutil, a la fina burla galaica que el expresidente haga en su columna apelaciones supuestamente graciosas a «los rojos» para demostrar la superioridad del régimen del 78 por el lado de la reconciliación. Pero no nos distraigamos: por alguna razón, Mariano Rajoy se ha puesto a testar franceses. Ni el lío internacional causado ni la sobreactuación del Gobierno bastan para alejar la atención del núcleo del asunto, que solo tiene dos explicaciones, y ninguna es buena. Una tiene que ver con la clamorosa tontería y la otra con el puro racismo. Hoy juega España contra Francia una semifinal del Mundial y será difícil seguir el partido sin preguntárselo: ¿este Mbappé de dónde será realmente? Alejandro Dumas era bastante más moreno de lo que se estilaba en Picardía y escribió ‘Los tres mosqueteros’. Habría que preguntarle a Rajoy si era suficientemente francés. Él y D’Artagnan. Por si hay sorpresas.
Ormuz
Nuevas tarifas
Ha pasado un mes desde que Donald Trump dio la orden como un emperador chiflado: «¡Barcos del mundo, encended los motores y que el petróleo fluya!» Así se dio por reabierto el estrecho de Ormuz, con la consiguiente alegría para las Bolsas y los mercados internacionales. Ayer el presidente de Estados Unidos dio una nueva orden que podría haberse formulado así: «¡Barcos del mundo, pagadme!» Una tasa del 20% sobre la carga que transportes si quieres atravesar Ormuz. Imagínesen el disgusto de los mercados al enterarse de que el estrecho queda de nuevo sometido a un bloqueo militar. «Estados Unidos será conocido a partir de ahora como el guardián de Ormuz», tuiteó Trump, al que no hay duda de que la privatización de una vía marítima internacional le parece una idea inmejorable y absolutamente legal. Para que la idea de la extorsión esté más presente, la tarifa se presenta como un pago por la seguridad que el Ejército estadounidense va a ofrecer a los barcos. La necesidad de esa protección parece confirmar que, tras los ataques iraníes de la semana pasada, de la tregua firmada en junio no queda nada. La zona vuelve a ser un escenario de guerra en el que el depurado fanatismo de los ayatolás colisiona de un modo funesto con la errática impredecibilidad de la Casa Blanca y en el que todo invita al pesimismo. Con el bloqueo naval a Irán restablecido, ayer Donald Trump declaró abierto el estrecho de Ormuz. Otra vez. La víspera se había explicado con mucha más claridad en la NBC: «Está abierto y no quiero hablar de ello».