Ignacio Camacho-ABC

  • La prioridad de la respuesta deja claras las prioridades de la izquierda. Para unos un decreto urgente; para otros, paciencia

Se admiten apuestas sobre si van a durar más tiempo las tiendas de Sol o las de Ceuta. Existe un paralelismo entre ellas, y es que sus ocupantes pretenden quedarse a vivir en propiedades o tierras ajenas. La diferencia consiste en que la Moncloa deja que se eternicen las segundas mientras se desvive por satisfacer a los que han montado las primeras. En la mentalidad de la izquierda no hay color entre una crisis de soberanía y otra de vivienda. Por eso las protestas del ‘15-Meme’, como las llaman con guasa en las redes, van a motivar un decreto-ley urgente y las de los ceutíes siguen sin otra respuesta que la de la necesidad de tener paciencia. Cuestión de prioridades; llegarán las fiestas navideñas y las chabolas playeras seguirán llenas.

El Circo de Sol –Bustos dixit– le ha servido a Sánchez para que los telediarios cambien de paisaje. Si algo sabe cualquier fabricante de relatos es que el periodismo vive de novedades. El problema de la vivienda no lo va a arreglar con el ‘decreto Maricarmen’ pero tiene que tranquilizar a sus socios y a sus votantes, a unos para que la legislatura resista y a los otros para llegar a las elecciones con algunas mínimas posibilidades. Poco importa que las medidas en negociación puedan contraer aún más el mercado de alquileres si proporcionan unos meses más de equilibrio inestable y de paso consiguen apartar el foco, siquiera durante un rato, de los avatares judiciales y de los extranjeros que deambulan por las calles de una Ceuta al límite del aguante.

Pedro necesita que el bloque de la extrema izquierda, ahora bajo el nombre de Frente Amplio, se reagrupe y acuda a las urnas de su mano. Aunque la acampada del inquilinato haya sido en la puerta de Ayuso y no en la del inútil ministerio del ramo, que apenas ha construido un 3 por ciento del prometido parque inmobiliario de protección pública en ocho años, al presidente le inquieta que las acusaciones de «rentista» hagan cundir el desencanto entre los sectores juveniles más radicalizados. Sus expectativas de supervivencia pasan por pescar en ese caladero unos cuantos escaños y si esa gente lo señala como responsable directo del colapso habitacional se acabó el mandato. Si es menester levantará él mismo la pancarta contra los desahucios.

Sería un acto de justicia poética que quienes lo auparon al poder terminen por serrar las patas de su asiento. Difícil; los cargos son un pegamento potente por más que la inefable Yolanda instara a manifestarse contra el Ejecutivo que teóricamente continúa vicepresidiendo. El tira y afloja de estas horas y las amenazas de bloqueo son parte del juego, del pulso de influencias interno. No hay dos bandos en el Consejo, sólo oportunismo para aprovechar las circunstancias y ganar terreno en un debate de enorme valor estratégico para Sumar y Podemos y de alta sensibilidad para el jefe del Gobierno. Si hubieran puesto la misma diligencia para hacerse valer ante Marruecos, el conflicto social abierto por la avalancha estaría más que resuelto hace tiempo.