José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Derrota en las urnas, sudores fríos ante la justicia, fuga al Caribe… El futuro de Sánchez, lo más mentado en las reuniones navideñas
Dos cosas le pedían al nuevo año los oyentes de Rosana Laviada en lo de Federico de esRadio, al margen de salud, claro. Primero, que se vaya Sánchez, sin especificar las vías o el procedimiento para conseguirlo, bien sea renuncia, derrota electoral o lo que le plazca al destino. Y la segunda, que termine en la cárcel. Es decir, no que se asile en Dominicana como tantos prevén, a lo Craxi en Túnez, sino que, directamente, comparezca en un juicio justo (aquí, salvo lo que estiman Bolaños y sus cofrades del Gabinete, todos lo son salvo, quizás, el de la Dana) y vaya a hacerle compañía a su palafrenero Ábalos que se está haciendo una culturita a la sombra. Venga de leer. Koldo lo pasa peor. Pese a ser navarro, le falta vida interior.
Tanto en el partido como en la prensa del movimiento ya se habla abiertamente de un posible adelanto electoral, pese a que el gran líder se empeña en repetir, a quien quiera escucharle, cada vez menos, que las legislaturas duran cuatro años, salvo las que a él le da por finiquitarlas antes, como en 2019 o 2023. Se habla de comicios este otoño, como aquí vaticinó Cacho el domingo, y como aventuran los propagandistas de la causa del progreso. “Esto ya no aguanta”, chamullan los costaleros del PNV, que rebañan en el fondo del perolo por ver si logran sacar más tajada. «No dejéis ni una escurraja», clama el Aitor el fariseo, que nunca se vio en otra. O el garrulo Ortúzar, que ya ha sacado tajada para media familia, él incluido, viva Movistar.
Un rosario de derrotas
Tiene el gran narciso los dos frentes bloqueados. El político, sin mayoría parlamentaria, lo que que le impide legislar, gestionar, aprobar presupuestos, impulsar leyes, sacar adelante iniciativas, en suma justificar su existencia como Gobierno. La derecha reaccionaria catalana del prófugo Puigdemont ha dicho basta. Siete votos y se acabó la gran estafa. Para más inri llegan las elecciones regionales, un rosario de derrotas humillantes del PSOE al extremeño style. «Me miro en el espejo y veo una rata borracha», diría Anne Sexton.
El frente judicial se adentra en el terreno más tenebroso. Hasta ahora se asistía a la infatigable acción de la UCO y los primeros pasos de los tribunales, con el consiguiente reflejo en los medios que no daban abasto para atender semejante riada de inmundicia. Ahora arrancan los juicios. Es la hora de la verdad y de las togas. Ábalos, quien fuera ministro de la cartera con más presupuesto y número dos del PSOE, encabeza el desfile ante los tribunales de esa pandilla de los calzones sucios y los bolsillos calientes. Febrero o marzo señala el calendario para que arranque el baile. La fiscalía le pide 24 años tan sólo por los trapicheos de las mascarillas. Luego vendrán las causas por adjudicaciones, mordidas y demás vilezas.
El 26 de mayo le toca el turno a David Sánchez, el hermanísimo, procesado por presuntos delitos de prevaricación y tráfico de influencias. La acusación popular demanda tres años. Miguel Ángel Gallardo, el candidato vapuleado en las urnas extremeñas y exjefe de la cuadrilla en la región, va en el lote de los ocho justiciables de este affaire que alcanzó momentos de ridiculez pasmosa. En especial cuando el pequeño de los Sánchez no logró explicarle a la juez en qué consistía su cargo como responsable de Artes Escénicas de la Diputación. Ni siquiera atinó a desvelar por dónde caía su despacho. Momento memorable, entre la desfachatez de quien se piensa impune y la estulticia de quien no da pa más.
Nervios de la quintaimputada
El caso Begoña Gómez avanza lento, con algunas dificultades. Su imputación animó a Sánchez a aquel inaudito retiro enamorado de cinco días que dedicó a preparar su ofensiva contra los jueces y los medios en la que aún sigue. La accidentada instrucción del juez Peinado -nunca se procesó a la esposa de un presidente del Gobierno- debería cerrarse antes del verano y dar paso a la apertura de la vista oral con jurado. La esposa del presidente, según cuentan tras su sesión navideña de esquí, aparece algo nerviosa, como si tuviera miedo hasta de lo que ha imaginado.
Estos son los primeros pasos judiciales que afrontará el sanchismo en el año que ahora arranca. Pero es tal la avalancha de procedimientos en curso que resulta abrumador su mero enunciado. Las mordidas de Koldo, Cerdán y demás mangantes de la quinta del Peugeot, la financiación ilegal del PSOE, la fontanera Leire y las cloacas de Ferraz, el multimillonario saqueo de Hidrocarburos, el rescate de Plus Ultra con Zapatero al fondo y algunas otras menudencias como concretar si el TC avala al exfiscal general García Ortiz frente al Supremo o hay que acelerar el indulto.
Todo este remolino de causas que acarrean penas inclementes gira en torno a un solo eje, al tótem supremo de tan detestable tropa. Resultaría inverosímil que alguna de ellas no le desgarrara penalmente, no le infligiera un razonable castigo. Es la hora de la Justicia. Veamos. Él se piensa invulnerable como los dioses, o como los gerifaltes de Todos los canallas duermen en paz, aquel filme de Kurosawa en el que (ojo, spoiler) los capos de una trama de políticos y empresarios dedicada a consumar pelotazos urbanísticos se iban de rositas y le endilgaban el marrón a sus segundones que, como buenos japoneses, se arrojaban por la ventana o se entregaban dóciles a la prisión o al cotolengo. Y ellos, tan panchos. Pero en fin, no hay que ser cenizos. Como decía el cantito, mía que está lejos Japón. Soto del Real pilla mucho más a mano.