Teodoro León Gross-ABC
- Dignidad, defensa de lo público, no todos somos iguales: un premio a la originalidad seguro que no se lleva
El tamtam de la tribu socialista, desde el laboratorio de Moncloa a las antenas mediáticas por la vía rápida, ha convocado a un nuevo relato. Ante el cadáver interino de Óscar Puente –lo suyo sólo son tres semanas de vacaciones electorales– urgía un truco de distracción. Y el relato elegido, con mínimas modulaciones, opera sobre los tres fetiches enunciados por Pedro Sánchez y repetidos por su corifeo disciplinadamente: dignidad, defensa de lo público, no todos somos iguales. Un premio a la originalidad seguro que no se llevan.
DIGNIDAD. No hablan de dignidad ontológica, según la cual todas las personas merecen respeto por el hecho de ser personas, sino dignidad moral, adquirida según uno actúe con justicia, honestidad y compasión. Y si alguien no representa esa dignidad es Óscar Puente. Ha maltratado a los vivos y a los muertos. A los vivos con insultos y una gestión temeraria; a los muertos, con desprecio. Sólo hay que oír a las víctimas de Adamuz. Hasta 115, le iba bien. En todo este proceso, sólo una vez se ha visto a Óscar Puente empatizar y emocionarse, y fue al hablar del PSOE y la militancia de su madre. Nunca por las víctimas.
LO PÚBLICO. Es de traca: denuncian la privatización de algo no privatizado. Formidable. No es fácil ver el uso del ‘storytelling’ llevado a un punto tan chusco. Y lo peor es que no son estúpidos, sino unos sinvergüenzas sin pudor. Reivindican lo público tras el fallo de un servicio público, en una red pública, con trenes públicos… Y sugieren que todo sería distinto si fuese público y lo gestionaran ellos, aunque sea público y lo gestionen ellos. El relato es «un arma de distracción masiva», como apuntaba Christian Salmond. Te hacen creer que van a salvar lo público para que no pienses cómo han destrozado ellos lo público.
NO TODOS SOMOS IGUALES. Pues claro, para bien y para mal. Pero si hay un político al que nadie querría parecerse, más allá de Pedro Sánchez, es su ‘alter ego’, Óscar Puente. Un gestor capaz de dedicar más tiempo a insultar en redes que a mejorar una red degradada que pone vidas en peligro. Se justifican que si Mazón, como si éste fuese ejemplo de nada. Puente ha mazoneado diez meses desde Adamuz; y sólo se ha ido forzado por su segunda ‘dana’ ferroviaria. No todos son iguales: pocos caerían tan bajo como Puente.
En esta campaña mutante, el PSOE va a seguir tirando los dados en busca de una carambola. Falló la vivienda, han superado la tragedia, no temen a la corrupción… y saben que la atención es muy frágil. Ya pocos recuerdan Ceuta o las cloacas. Persiguen su golpe de suerte, buscando viento de cola. La verdad se la pela. Por eso Sánchez, que inició la legislatura levantando un muro, ha inaugurado la Cumbre Iberoamericana denunciando a quienes levantan muros. Eso es el sanchismo: tirar los dados a ver si cuela un relato.