Mikel Buesa-La Razón

  • A Carlos Cuerpo se le empiezan a acumular los problemas sin que tenga presupuestos para abordarlos

Al flamante vicepresidente del Gobierno, hasta hace nada simple ministro de Economía, le crecen los enanos. Nada más estrenarse ya le han excluido de la última reunión del G20, celebrada en Washington. Es lo que tiene estar en un gobierno que hace política interior en el exterior pisando callos y repartiendo estopa a diestro y siniestro con poses de arrogancia y desprecio. Claro que Carlos Cuerpo hace lo que puede, callando casi siempre y, a veces, templando gaitas, aunque sirva para poco, pues el amigo americano manda mucho y es muy sensible al desprecio y a tener que pagar el banquete. Así que Cuerpo se tendrá que leer por internet los nuevos papeles de las políticas con las que Estados Unidos pretende impulsar su economía, mejorar sus empresas y favorecer a sus aliados. La cosa es que la administración de Trump ha empezado a recortar la lista de estos últimos, poniendo a España a la cabeza de los excluidos. Ya veremos que alcance tiene esto, pero de momento van amainando eso que los macroeconomistas, como Cuerpo, muy aficionados a las metáforas y las abstracciones, denominan «vientos de cola». Y así, ya se han trastocado los precios de la electricidad después del gran apagón de hace un año; lo de los hidrocarburos está instalado en un vaivén creciente; los acreedores de unas prometidas subvenciones a las renovables –herencia de Zapatero– están que trinan y ya amenazan al Instituto Cervantes de Utrecht y, a las puertas del Mundial, a la selección de España; la EPA del primer trimestre preludia un cambio de ciclo, pero hacia abajo, a pesar de que el ministro siga presumiendo del crecimiento de nuestra endeble economía; se anuncian crisis empresariales importantes, como la de Tubos Reunidos –que, por cierto, amenaza a la hacienda vasca–; y, para colmo, Eurostat le ha corregido al INE la inflación hacia arriba. O sea que a Carlos Cuerpo se le empiezan a acumular los problemas sin que tenga presupuestos para abordarlos. Y encima, algunos cuestionan la tesis que le hizo Doctor, acusándole de autoplagio. No seré yo quien lo avale porque eso del autoplagio es una falacia; aunque diré, de paso, que no me gustan las tesis hechas de retazos.