Pablo Sebastián-Vozpópuli
España debería aparecer dentro del núcleo duro y democrático de la UE
Parece un sarcasmo o puede que una broma de mal gusto el hecho de que Donald Trump tenga un busto de Winston Churchill en el despacho oval de la Casa Blanca. Ambos políticos no se parecen en nada. Más bien representan principios y valores contradictorios en la defensa de las libertades democráticas de las naciones de Occidente que Churchill lideró hasta sus últimas consecuencias camino de la victoria final de la II Guerra Mundial.
Principios y valores que hoy día imperan en la Unión Europea y en la Alianza Atlántica y que la Rusia de Vladimir Putin ha querido amenazar con la invasión criminal de Ucrania. Una agresión sobre la que el presidente norteamericano pretende imponer una ‘pax trumpiana’ que incluye la victoria de Putin y la consolidación de sus conquistas en Ucrania, en línea con lo que el premier inglés Neville Chamberlain cedió frente a Adolfo Hitler, cuando aprobó, en el pacto de Múnich, la ocupación nazi de los ‘Sudetes’.
La noticia de que Putin y Trump han hablado y se disponen a negociar el fin de la guerra de Ucrania es un hecho positivo si no fuera porque el nuevo (y discutido) secretario de Defensa americano, Pete Hegseth, ya ha anunciado que Ucrania deberá renunciar a los territorios conquistados por Rusia y también a su posible integración en la OTAN, como garantía de una paz ‘justa y duradera’ tal y como se la prometieron a Zelenski los aliados de la Alanza Atlántica bajo el liderazgo de Joe Biden.
Volodimir Zelenski asiste como simple ‘convidado de piedra’ a las órdenes de Trump (quien llegó a decir días atrás que ‘Ucrania podría volver a ser rusa’) por su clara debilidad y dependencia militar de Washington
Asimismo, Hegseth anunció que ni la OTAN ni los EEUU desplegarán fueras en Ucrania para garantizar el esperado ‘alto el fuego’ inicial, sino que deberán ser soldados de los países europeos (sic) los que garanticen el ‘alto el fuego’ durante las negociaciones. Europeos a los que Trump ha marginado de la negociación y a los que exige que suban sus aportaciones financieras a la OTAN hasta el 5 % del PIB nacional, (España está en el 1,28 % y ha prometido llegar hasta el 2% en 2029) pero en una OTAN bajo el mando exclusivo y absoluto de los EE.UU.
Una negociación de Putin y Trump, que posiblemente se reunirán en Arabia Saudita, de la que fueron excluidos sus aliados de la UE y la OTAN (a los que además les sube los aranceles), y en la que Volodimir Zelenski asiste como simple ‘convidado de piedra’ a las órdenes de Trump (quien llegó a decir días atrás que ‘Ucrania podría volver a ser rusa’) por su clara debilidad y dependencia militar de Washington. Donald Trump, además, le ha exigido a Zelenski el control, o el ‘expolio’, a su favor de las llamadas ‘tierras raras’ de Ucrania como pago por las ayudas militares y económicas recibidas por Ucrania de los EE.UU. en una guerra que ahora cumple tres años.
Los europeos deben participar en esta fase que ahora se abre, tratando de impedir la victoria que Trump ya le está ofreciendo a Putin para acelerar su impostado liderazgo ‘pacificador’
Trump pretende quedarse con el control de la crisis de Ucrania al igual que espera hacer lo mismo en Gaza, Groenlandia, en el Canal de Panamá e incluso en Canadá. Además de liderar la gran batalla tecnológica mundial con sus oligarcas digitales, y de paso lograr un espacio de notable influencia en la UE con la colaboración de la ‘Nueva (y extrema) Derecha’ europea en pos de su dominio e influencia en el ‘viejo continente’ y en la redefinición del Orden Internacional bajo su pretendido liderazgo imperial.
Una estrategia a la que se opondrán los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Surafrica) y cabe esperar que las primeras naciones de la UE que deben, desde ahora, marcar sus distancias con la hegemonía trumpista, empezando por la crisis de Ucrania y el proceso negociador exclusivo de USA con Rusia. Los europeos deben participar en esta fase que ahora se abre, tratando de impedir la victoria que Trump ya le está ofreciendo a Putin para acelerar su impostado liderazgo ‘pacificador’ en el menoscabo de Ucrania.
Una situación en la que España debería de aparecer dentro del núcleo duro y democrático de la UE, a pesar de los grandes destrozos que Pedro Sánchez está causando en la democracia de nuestro país, y cuando Alberto Núñez Feijóo, a remolque de los acontecimientos, se resiste a posicionarse sobre esta crisis de Ucrania y el nuevo liderazgo internacional de Donald Trump.