Tonia Etxarri-El Correo
Invitado por el Papa León XIV, en formato de audiencia general, el lehendakari Pradales quiso escenificar su alineamiento con el jefe de la Iglesia católica en un momento tan convulso en política internacional. Con el difícil cometido de lograr ocupar un hueco en el escenario más allá de Euskadi, el presidente del Gobierno vasco está intentando proyectar su perfil. En sus dos años de mandato ha buscado dar relevancia a su imagen exterior, aunque a veces no haya logrado los efectos deseados. Bruselas, Davos, EE UU o el Vaticano. Su imagen todavía está en construcción desde que el PNV optó por el relevo de Urkullu y va enarbolando banderas con un discurso musculoso en busca de un cuajo que está aún por consolidar.
Es cierto que, durante su pontificado, León XIV ha recibido en audiencia privada a personalidades que no ostentan el cargo de jefe de Estado, como Marco Rubio, secretario de Estado de los EE UU, María Corina Machado o el tenista Sinner, por ejemplo. Podría haberle dado un trato similar al lehendakari. Pero el breve encuentro de ayer, que apenas duró minuto y medio, facilitó a Pradales la oportunidad de pronunciarse sobre los grandes retos de nuestro tiempo: la paz, la democracia, la dignidad humana.
El marco de la entrevista privada con el secretario de Estado, Pietro Parolin, era más adecuado para profundizar en las coincidencias con la política antibelicista del Vaticano. También en la justicia restaurativa y en la oposición a los autoritarismos y populismos, aunque la condena internacional de la violencia que ha ejercido Israel haya dejado en el olvido la reprobación de los horrores de los terroristas palestinos de Hamás o la denuncia de los ataques de EE UU contra Irán haya orillado los necesarios reproches al régimen sanguinario de los ayatolás. Más difícil habría sido abordar la política doméstica con el Santo Padre. Sencillamente para no evidenciar las divergencias.
Su giro en la revelación del origen geográfico o nacionalidad de los delincuentes, a la que finalmente el Gobierno vasco accedió, no es del agrado del Pontífice, que suele hacer llamadas constantes para evitar que se estigmatice a los migrantes. Tampoco habrían encontrado un punto de coincidencia con el aborto, por ejemplo, porque el apoyo del PNV a esa reforma le aleja de la democracia cristiana con la que, tradicionalmente, se ha identificado su partido.
Muchos votantes nacionalistas que son creyentes y que saben que el lehendakari no va habitualmente a misa, habrán visto en el encuentro de ayer un gesto de acercamiento a un sector que no oculta su incomodidad con la política de seguimiento a las medidas más polémicas del Gobierno de Sánchez.
Los nacionalistas vascos siempre han estado especialmente interesados en mantener una relación fluida con el Vaticano. Desde 1935, en tiempos de Irujo. El primer lehendakari Garaikoetxea estuvo con Juan Pablo II en Loyola y Urkullu fue recibido en audiencia por el Papa Francisco. Ahora, Pradales quiere mantener esa llama como un trampolín de proyección internacional. Invitó a León XIV a que el Vaticano acompañe, de alguna forma, en la conmemoración del 90 aniversario del bombardeo de Gernika. Sigue buscando su perfil aunque el fugaz encuentro con el Papa evidenció que su liderazgo todavía está por cimentar.