Ignacio Camacho-ABC

  • La quita es un truco contable, un embeleco. La deuda la mutualiza el Estado y la seguirás pagando tú con tus impuestos

No te van a condonar nada, así seas catalán, extremeño, andaluz, murciano o gallego. En las próximas semanas, el Gobierno te va a volver a mentir diciendo que te ha perdonado una deuda de nosecuantos mil euros (salvo que seas madrileño, que hasta que no dejes de votar a Ayuso no tienes derecho). No hagas caso: eso de la quita es un embeleco, un cuento, un truco contable, un engaño más de este Gobierno embustero. La deuda no desaparece porque María Jesús Montero deje de reclamársela a las autonomías que la contrajeron. Simplemente cambiará de titular, se mutualizará pasando de las comunidades al Estado que de todos modos era el avalista en último término. Los acreedores no cambian ni van a perdonar un céntimo. Y tú, aunque dejes de pagarla como habitante de un territorio administrativo concreto, seguirás obligado como contribuyente español a sufragar tu parte proporcional con tus impuestos. No hay milagros ni magia cuando se trata de dinero.

Y entonces, te preguntarás, a qué viene este debate sobre la cancelación de la deuda catalana. Fácil: se trata de liberar a la Generalitat del compromiso de afrontarla. ¿Cómo? Endosándosela al resto de España, paso previo al concierto que permitirá a los gobernantes del Principado disponer de la llave de la caja. Y, para disimular el trato de favor, se ofrece también un alivio financiero compensatorio a otras regiones menos entrampadas –si lo piden, como la ayuda de la dana–, en especial a la Andalucía donde Montero acaba de aterrizar como candidata. Una coartada que oculta tres evidencias palmarias. La primera, que la carga de Cataluña es mucho mayor por la irresponsabilidad de sus dirigentes soberanistas; la segunda, que el pasivo conmutado se socializa para que caiga encima de todos los ciudadanos vivan donde vivan; y la tercera, que la maniobra obedece a la necesidad sanchista de satisfacer al independentismo el precio de su complicidad política.

Dicho de otro modo, es otro privilegio otorgado a cambio de que el presidente pueda prolongar un poco más su mandato. Un nuevo pago de un chantaje a plazos y un premio al despilfarro. Camuflado de generosidad cuando en realidad constituye un agravio; en seguida se iban a conformar los nacionalistas si el saldo de la operación fuese igualitario. Sólo que por esta vez el Partido Popular no ha tragado, aunque puede pasar dificultades para explicar su rechazo frente a la ventaja propagandística del Ejecutivo y su potente aparato mediático. De hecho ya ha empezado el bombardeo publicitario para convencerte de que la malvada derecha se empeña en apretarte las tuercas. Y de paso, para que olvides que el golpe no sólo resultó penalmente gratis a los separatistas, sino que a efectos económicos les trajo cuenta. Que además de valerse de tu esfuerzo fiscal para escapar de la quiebra, el balance les va a salir a devolver, como dice Carlos Herrera.