Tonia Etxarri-El correo
Como una gota de agua en el océano. Ni siquiera un pellizco. Así se ha tomado el poder socialista el manifiesto auspiciado por el exministro Jordi Sevilla, que pide un cambio de rumbo político en el PSOE y culpa al sanchismo de haber provocado un auge de la extrema derecha, haber perdido apoyos electorales y estar apoyándose en una dictadura de las minorías.
El documento, que aparece sin el consabido apartado de los ‘abajo firmantes’ pero que cuenta con una cuarentena de personalidades ilustres vinculadas al socialismo que, de momento, prefieren no darse a conocer, supone una impugnación en toda regla al PSOE actual. Toda una declaración de principios que, seguramente, no va a provocar el efecto buscado. Quienes sueñan con que esa extrema izquierda que ha anidado en el sanchismo se ‘transforme’ en una socialdemocracia dan la impresión de llegar tarde. No parece que Pedro Sánchez vaya a abandonar el populismo «podemita» para retomar los Pactos de Estado. Esa llamada a quienes se consideran más hijos de la Transición y de la Constitución que nietos de la Guerra Civil y la dictadura franquista suena a un brindis al sol porque la mayoría de quienes se identifican con el consenso del bipartidismo al que alude el manifiesto ya están en la reserva. En La Moncloa y en Ferraz se encuentran confortablemente instalados en la confrontación con el PP.
¿Cuál ha sido la reacción del Gobierno? Con Sánchez desviando el foco hacia los incentivos fiscales para propietarios de viviendas en el mercado del alquiler, le quitaron importancia. Total, se trata de un manifiesto «absolutamente minoritario» y Pedro Sánchez es el adalid de la socialdemocracia por mucho que su forma de actuar parezca más cercana a los tics de populismo ‘trumpista’ que a la socialdemocracia de Olof Palme, por ejemplo.
Que la política actual del Gobierno está dando alas a la extrema derecha es un axioma que sostiene Sevilla y que viene reforzado por los resultados electorales en Extremadura y por los últimos sondeos de intención de voto. Que el PP vaya a ganar (otra vez) las próximas elecciones y los socialistas sigan cayendo no es novedad. Lo innovador es constatar que la tendencia al alza de Vox, en un ascenso continuado, se consolida.
En las cábalas de la oposición figura la proyección de Extremadura sobre las próximas citas electorales. Pero el PP no acaba de atraer el voto del descontento. Es Vox quien lo capitaliza. ¿Que viene la derecha? Pues se le abre la puerta, dijeron en Extremadura y ahora lo presagian los sondeos. A Vox le viene bien que gobierne Sánchez porque Abascal atrae la papeleta del descontento, el voto antisanchista, que ya es muy transversal.
Ante este panorama, ¿qué utilidad tiene el Manifiesto de ‘Socialdemocracia 21’? Los nietos del odio de la Guerra Civil que inspiran al Gobierno, que tiene entre sus socios y aliados a defensores del chavismo y activistas anti OTAN, ya lo han apartado. Pero, al menos, quedará la denuncia. Servirá para que los pocos críticos que se atreven a destacar se desahoguen. Y quede constancia para cuando cambien los tiempos, claro.