Luis Ventoso-El Debate
  • Una y otra vez, todo tipo de pícaros y malandrines se aprovechan de la bondad natural de Don Pedro, perfectamente ajeno a sus prácticas delictivas

Plauto, el afamado dramaturgo de la antigua Roma, soltó aquello de homo homini lupus, que luego hizo célebre en el siglo XVII el filósofo Hobbes, quien espantado por los horrores de la Guerra Civil inglesa concluyó que «el hombre es un lobo para el hombre». En el siguiente siglo, el influyente pensador ginebrino Rousseau apuntó lo contrario, que «el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe».

Como casi siempre, puede que la respuesta acertada se esconda en la gama de grises. Los hombres, criaturas falibles, somos capaces de lo mejor y de lo peor, y solo Dios nos redime de la mancha del pecado connatural a nuestra condición.

El ateo militante Sánchez Pérez-Castejón es uno de los pensadores más originales y audaces de nuestro tiempo. Ha renovado la filosofía política acuñando la Satrapía Progresista, también conocida como Autoritarismo Constitucional. Como antropólogo, se sitúa cerca de las tesis de Rousseau. Debido a su bondadoso talante natural, Sánchez piensa que todo el mundo es tan bueno como él. Incurre así en un exceso de confianza, que hace que una y otra vez se vea sorprendido por la perversidad de todo tipo de pícaros y malandrines de su círculo de confianza.

Ahora han vuelto a abusar de su buena fe. El 23 de abril se produjo la presunta violación de una agente de la Policía Nacional, de la que se acusa al jefe operativo del cuerpo. En julio, enviados del DAO le ofrecieron a la víctima una promoción a cambio de su silencio. El 9 de enero se registró por fin una denuncia, que ha llegado a la prensa este martes. Según el Gobierno, en estos diez meses Marlaska y Sánchez no se enteraron de nada. Conocieron por los medios que su jefe de Policía estaba acusado de violación en un juzgado.

¿No se lo creen? Yo sí. Sánchez es tan extremadamente honesto que le cuesta horrores concebir la maldad ajena. Sin ir más lejos, el bueno del presidente no tenía ni idea de que la señora que duerme con él se dedicaba a hacer negocietes raros aprovechando el cargo de su cónyuge (cualquier día nos explicará que en realidad no la conocía mucho, como hizo con Ábalos).

El bueno del presidente no tenía ni idea de que el fiscal general que le rendía pleitesía se había embarcado en una guerra sucia política contra Ayuso, odiada por el inquilino de la Moncloa. Sánchez se enteró por la prensa y sigue poniendo la mano en el fuego por Ortiz (de hecho ya sopesa que su fámulo Pumpido ponga en marcha el trampantojo jurídico para un indulto).

El bueno del presidente llegó a la Moncloa del ganchete de Ábalos y viajaba con Koldo, Cerdán y él en los alegres días de la Banda del Peugeot. Pero «en lo personal no conocía mucho a Ábalos». Durante aquella ruta de las primarias, Pedro pensaba en su bonhomía que cuando caía la noche don José Luis, don Koldo y don Santos se retiraban a sus aposentos a estudiar a Habermas y Norberto Bobbio.

El bueno del presidente nada supo del enchufe con que su hermano fue colocado a puro dedazo en el chiringuito musical de la Diputación de Badajoz. Todo atendió a un entusiasmo melómano de Gallardo, del que nada sabía don Pedro. Tampoco nada sabía de que David fingía que vivía en Portugal, para pagar menos impuestos, mientras en realidad se escondía como okupa en la Moncloa.

El bueno del presidente feministas nada sabía de que su suegro, el nunca olvidado Sabiniano, le había regalado el piso donde vivía con Begoña gracias a los boyantes beneficios de sus casas de lenocinio y saunas gais.

El bueno del presidente no tenía ni flores de que su amigo y asesor Paco Salazar había sido denunciado por dos militantes socialistas, por acoso sexual en las mismísimas oficinas de la Moncloa. A Pedro no le llegó ni el más mínimo rumor.

Aquí caben tres posibilidades: 1.- Estamos ante un asceta que vive aislado del mundo real, al estilo de Simón el Estilita, que se pasó 37 años encaramado en lo alto de una columna para apartarse del mundanal ruido. Lo cual lo incapacita para las altas responsabilidades terrenales que ocupa. 2.- Estamos ante un dirigente tan bienintencionado y tan puro que sus más estrechos colaboradores lo engañan constantemente, lo que en la práctica lo convierte en un incompetente. 3.- Estamos ante un mentiroso patológico, que estaba enterado de todo y en muchos casos hasta ha sido cómplice/promotor de la acción delictiva.

Don Pedro es tan bueno que se le está poniendo cara de tener que buscar un abogado solvente en cuanto pierda el poder.