Carlos Herrera-ABC

  • La noticia estaba en el cese de nuestra embajadora en Israel por razones no desveladas

La Guardia Revolucionaria iraní ha advertido que, en la medida de sus posibilidades, ni una sola gota de petróleo iraní cruzará el estrecho de Ormuz para dirigirse a Occidente. Salvo el que viaja a China, ningún otro cargamento de sus vecinos podrá transitar con facilidad el cuello de botella que cierra el golfo Pérsico. Nos encontramos, pues, ante una crisis disruptiva de suministro energético a la altura, o más si cabe, de la que se produjo en los años setenta del siglo pasado, la cual puede provocar, a decir de expertos sesudos, un escenario de recesión mundial a poco que la broma dure más de dos o tres semanas. Ante ese escenario ¿qué puede ocurrir? Es probable que Trump ceda ante los mercados y ordene una escolta naval para los buques en tránsito, lo que forzaría a una negociación de algún tipo con Teherán y un alto el fuego no más allá de los próximos diez días; también que nuevos ataques iraníes a infraestructuras de Arabia Saudí y de Emiratos Árabes pongan el barril en 130 dólares; u otra, catastrófica, habla de un minado definitivo de aquel Estrecho llevando el precio a los 200 dólares y disparando una recesión global. En cualquier caso, los panoramas no son halagüeños. Con todo, parece asumirse que el Gobierno iraní no corre inminente peligro de colapso, a pesar de todo el bombardeo sobre las infraestructuras del país y la eliminación de su líder con turbante. Pueden estar perdiendo munición, cosa que parece cierta, pero no agarre político de sus estructuras, y las masas de iraníes víctimas de su propio Gobierno están severamente atenazadas. Ello hace pensar que esta operación de ‘Furia Épica’ no ha alcanzado las expectativas que supuso conseguir con la eliminación del líder máximo: el régimen iraní es una oligarquía teocrática que, sin un golpe interior o un motín palaciego, puede sobrevivir a todos los bombardeos. No existe, en este caso, una guerra relámpago de bombardeos aéreos, como no la hubo en Irak en 2003: o la oposición interna se cohesiona, se fractura la guardia revolucionaria o se agota económicamente el aparato represor, o aquí no se derrumba nada. O casi nada.

Mientras, aquí en España, la noticia estaba en el cese de nuestra embajadora en Israel por razones no desveladas. Con todo, da que pensar que los primeros en aplaudir esta decisión sean organizaciones terroristas, esas que en varias ocasiones se han mostrado seguidoras de Sánchez y su colección de ministros inútiles. No cesamos a embajadores en países como Rusia o Venezuela pero sí a nuestro representante en la única democracia de Oriente Próximo mientras un régimen terrorista amenaza con destruir el orden energético mundial. Nos esperan días agitados, precios altos e inestabilidad global. Y no cuenten con estos necios de Moncloa: están con el odio y esas gilipolleces.