Teodoro León Gross-ABC

  • La moción, por supuesto, es una posibilidad. Eso sí, en el PP ya sabían que remota

El PP se está equivocando. En las redes añadirían «da igual cuando leas esto». No tiene sentido hacer a PNV y Junts protagonistas de un plan de regeneración, cuando han sido pesos pesados de la degeneración. El próximo ciclo político no debería tener ninguna deuda con ellos. De hecho, el PP debería pensar en reajustar asimetrías para rehacer los equilibrios territoriales. Ya se entiende que Feijóo necesita crecer en Cataluña y País Vasco, pero debería hacerlo poniendo de relieve la complicidad de los nacionalistas con los corruptos, no cortejándolos como parejas de baile. Y todavía Junts ha mercadeado descaradamente con sus intereses, vendiendo sus siete escaños al sanchismo para comprar algo valioso como la amnistía imposible («Nothing political, it’s just business»), pero el PNV es parte esencial del Frankenstein, esa amalgama de siglas que ha confirmado el axioma goyesco: «El sueño de la razón produce monstruos».

Feijóo se ha equivocado, además, al distraer la atención, consideraba «uno de los recursos más escasos de la época actual». Cuando la mecánica informativa había volcado los focos sobre los graves escándalos que afectan al PSOE, en ese punto él ha atraído el debate a su incapacidad para tumbar a Sánchez por la vía de una moción de censura. ¿Para qué? Parafraseando la máxima napoleónica, «nunca distraigas a tu enemigo cuando está en problemas». No tiene sentido sacar el foco de las investigaciones judiciales y la respuesta conspiranóica del PSOE con retórica antisistema. Era el momento de dejarlos cocerse ahí. Por demás, la democracia tiene mucho, como sostiene Johann Hari, «de atención sostenida». ‘Scrollear’ la actualidad para pasar rápido de pantalla, yendo de los escándalos a la moción, ha sido un error estratégico pero también táctico. No sólo porque al exhibir su debilidad alivia la debilidad de Sánchez, sino porque la maquinaria del sanchismo previsiblemente iba a cebarse contra él como cimarrones a machetazos.

La moción, por supuesto, es una posibilidad. Eso sí, en el PP ya sabían que remota. Por eso algo así se explora discretamente con emisarios, no a calzón quitado en ‘prime time’. Si PNV y Junts no están dispuestos, el PP nunca debió facilitar el relato de que ha fracasado al tratar de atraerlos, sino la adhesión inquebrantable de los nacionalistas al sanchismo corrupto para exprimirlo. Si PNV y/o Junts sí contemplasen al menos la abstención, el PP podría aprovecharla como una cuestión de confianza paralela. Esto ya sucedió en el Senado, y serviría para mostrar al país, con la puesta en escena parlamentaria adecuada, que Sánchez tiene menos síes que noes en el Congreso y que se empeña en aferrarse al poder aun teniendo perdida la confianza de la cámara. Hay opciones. Lo que nunca debió de ser una opción es que el PP apareciera como una orden mendicante pidiendo sumar con las manzanas podridas.