Editorial-El Correo

La guerra que desde hace quince días enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que Teherán solo permite transitar a mercantes chinos, han provocado la mayor perturbación de la historia en el mercado mundial de la energía. Después de difundir ocurrencias imposibles de llevar a la práctica -asegurar a los petroleros, escoltas militares o pedir a los capitanes que «tengan agallas»-, el permiso de EE UU a India el martes para comprar petróleo ruso ya anticipaba el levantamiento de sanciones a Moscú anunciado ayer. Según el secretario del Tesoro, la decisión «temporal» busca estabilizar el suministro y el Kremlin «no obtendrá beneficios financieros significativos». Rusia no puede elevar la producción pero ahora entregará los cargamentos varados en el mar. Y venderá el barril a más del doble que antes del conflicto por la subida de los precios. Donald Trump, que habló el lunes con Putin, le lanza un salvavidas que llenará sus arcas para prolongar el sufrimiento de Ucrania. Privilegia a un autócrata que respalda al régimen iraní frente a los aliados que, de nuevo traicionados, tratan de hacerle ver que pone en peligro la seguridad de Europa.