Editorial-El Correo

  • El amago de acercamiento PP-PSOE en Extremadura busca sortear el auge ultra lejos de la crispación frente a una izquierda atomizada

El fuerte vuelco a la derecha surgido de las elecciones en Aragón y Extremadura ha precipitado nuevos movimientos en los partidos, obligados a recolocarse en un panorama del que ha salido triunfante Vox, a pesar de que los comicios se adelantaron para aplacar su avance. Las maniobras más apreciables son el intento de las siglas a la izquierda del PSOE de rearmarse, vista la atomización con la que han saldado su paso por las urnas. Y, sobre todo, el amago de acercamiento entre populares y socialistas para tantear la posibilidad de sortear el bloqueo ultra a la investidura de la candidata del PP extremeño, María Guardiola. Fue la clara ganadora de la cita electoral, pero es más rehén de la formación de Santiago Abascal, decidido a encarecer su apoyo. Reclama cuatro consejerías clave, una vicepresidencia y un programa que cuestiona amplios consensos sobre la gestión migratoria, la lucha contra la violencia machista y el cambio climático.

El gesto de populares y socialistas de orillar a Vox es la primera respuesta constructiva del bipartidismo para contener el auge ultra, aunque la suerte de esta tímida tregua en la polarización dependerá más de los cálculos de Ferraz y Génova que de la voluntad de sus gobernantes regionales. Para Pedro Sánchez, este eventual entendimiento con los de Núñez Feijóo desarmaría sus acusaciones de «blanquear» a Vox, pese a que algunos de sus dirigentes en Extremadura se inclinen por facilitar con la abstención el acceso del PP a la presidencia de la Junta. Es el caso de Antonio Rodríguez Osuna, alcalde socialista de Mérida con mayoría absoluta y partidario de abrirle el paso a Guardiola a cambio de negociar unos presupuestos con «proyectos y leyes». Lo contrario, avisó ayer el PP, sería repetir las elecciones, una posibilidad de alto riesgo para un PSOE descabezado tras la dimisión de Miguel Ángel Gallardo por el fracaso electoral.

La falta de referentes también constituye un problema para el movimiento que reúne a IU, Sumar, Más Madrid y Comunes por las dudas que suscita la figura de la vicepresidenta Yolanda Díaz. Un liderazgo que Gabriel Rufián, cara visible de ERC en el Congreso y defensor del ministro Óscar Puente en la crisis ferroviaria, tampoco acaba de afianzar con su propuesta de unir al soberanismo «antes de que nos coman». Para que España funcione -el mejor antídoto contra los populismos, a juicio de Felipe González-, serán necesarios más acuerdos transversales que alianzas partidistas en un país sin mayorías estables.