Editorial-El Correo

  • La presencia de líderes europeos en Kiev en el cuarto aniversario de la invasión masiva no disfraza el bloqueo del vital apoyo financiero

La conmemoración del cuarto aniversario de la invasión masiva por Rusia congregó en Kiev a los máximos dirigentes de la Unión Europea y a los mandatarios de países como Dinamarca y Finlandia, representantes del llamado ‘norte global’ en el seno de Europa y los mayores contribuyentes para que Ucrania, hoy, siga existiendo como nación independiente. La ausencia de representación de Estados Unidos en los actos evidencia que la Administración republicana ni siquiera simula ya un mínimo interés por la suerte de los ucranianos. Escaso eco puede encontrar en la Casa Blanca el llamamiento de Volodímir Zelenski a Donald Trump para que visite el país.

En medio del invierno más cruel del conflicto, con ataques diarios a su infraestructura energética en gran parte destrozada y miles de civiles sin el suministro más básico, Ucrania confía en la ya cercana primavera para profundizar en recientes ofensivas que combaten la narrativa de derrota que emana de las terminales mediáticas del Kremlin. La UE no pudo ayer acompañar su abrazo a los ucranianos con el apoyo financiero y militar que necesitan para sobrevivir a los próximos dos años. Ursula von der Leyen y António Costa fueron incapaces de explicar en Kiev cómo se proponen salir del atolladero provocado por el bloqueo del préstamo de 90.000 millones y del vigésimo paquete de sanciones a Rusia. Decir que los recursos vitales para Ucrania se entregarán «de una forma o de otra», como declaró la presidenta de la Comisión, desalienta de una pronta resolución del boicot liderado por Viktor Orbán. Recordar al primer ministro húngaro que se comprometió a aprobar el crédito -al que Budapest no contribuye- carece de utilidad ante un mandatario espoleado por Washington y Moscú que arriesga dejar el poder en las presidenciales de abril.

La pérdida, en este momento, del soporte financiero comunitario debilita la posición de Zelenski en la próxima reanudación de las negociaciones con Rusia y EE UU. Un diálogo que Trump y Putin solo escenifican en busca de la rendición del país invadido. Los europeos pierden pie en su reclamación de decidir sobre el final de una guerra que devasta el corazón del continente. Y se muestran incapaces de dar a Kiev una fecha para la entrada en la UE. No pueden comprometerla, a riesgo de abrir un nuevo frente interno. Ucrania debe avanzar en las reformas para ingresar en una Europa que tampoco está a su altura.