Editorial-ABC

  • La clara ventaja de los populares confirma el predominio del bloque de centro-derecha y sitúa a Vox ante la responsabilidad de facilitar un gobierno acorde con las urnas

Por tercera vez consecutiva en la ronda de elecciones autonómicas inaugurada en Extremadura, el Partido Popular ha ganado en Castilla y León con todos sus indicadores mejorados: número de procuradores, porcentaje de voto y votos recibidos. El candidato popular, Alfonso Fernández Mañueco, puede estar satisfecho con el resultado electoral. Gana dos procuradores y llega a los 33; supera el 35 por ciento de los votos, suma más de cuatro puntos porcentuales a los de 2022 y gana también votos, pendiente del cien por cien del escrutinio. En estas condiciones, el PP puede considerar un auténtico éxito el resultado de las elecciones. Afianza su primera posición y se ratifica nuevamente como la opción de gobierno preferida por los ciudadanos de Castilla y León desde hace 39 años. El incremento de la participación ciudadana ha impulsado a los populares en esta nueva victoria electoral, con la que Fernández Mañueco sale indemne de la campaña socialista por la gestión de los incendios, dando al traste con la baza con la que el PSOE quería socavar el apoyo rural a los populares.

El PSOE puede dar a sus resultados un efecto balsámico, como ya lo hizo ayer por la noche, comparándolos con los obtenidos en Extremadura y en Aragón. Los socialistas ganan dos escaños, aunque no llegan siquiera a un punto de mejora en el porcentaje de votos y el aumento de participación apenas le ha supuesto ganar unos miles de papeletas. El candidato socialista, Carlos Martínez, ha dado un fuerte tirón a su partido en Soria, de cuya capital es alcalde y donde el partido localista, Soria ¡Ya!, ha perdido dos de los tres escaños que obtuvo hace cuatro años. El menos sanchista de los candidatos ha mantenido el tipo con una reagrupación de la izquierda, tras la desaparición de Podemos y la irrelevancia de Sumar. Sin embargo, y si Pedro Sánchez aplicara su tendencia a apropiarse de resultados ajenos, tendrá que aceptar que la izquierda representada en las Cortes de Castilla y León se reduce al 30,8 por ciento, frente al 35,03 por ciento de 2022. Además, en los últimos días, el PSOE susurraba la posibilidad de ganar al PP, aunque sin posibilidad de gobernar. Ni una cosa ni otra. El PSOE de Pedro Sánchez sigue siendo un coleccionista de derrotas electorales.

Vox, por su parte, ha recibido un claro mensaje del electorado castellano y leonés. No ha alcanzado su doble objetivo de mermar la victoria del PP y de superar el 20 por ciento de los votos, aunque gane un procurador y mejore en porcentaje de voto y número total de papeletas recibidas. El partido de Abascal podría haber pagado en las urnas la imagen de inestabilidad que transmite en dos frentes. Por un lado, internamente, con unas purgas de dirigentes territoriales e históricos del partido, que dan a Vox el retrato de un partido autoritario, alejado de aquella formación que nació con la reivindicación de la libertad en todos los órdenes. Por otro, en sus tácticas de negociación con el PP para formar gobierno en Extremadura y Aragón, ganándose el reproche por un bloqueo que sus votantes ya no entienden.

Las tendencias electorales de los últimos meses vuelven a confirmarse en Castilla y León. La derecha suma más del 54 por ciento de los votos en esta comunidad, un punto más que en 2022, una mayoría social clara que otorga al Partido Popular una legitimidad política incuestionable para liderar el Gobierno autonómico. Los ciudadanos han vuelto a situar al PP como la referencia central del espacio de centro-derecha y como la fuerza de gobierno preferida para garantizar estabilidad institucional y continuidad en la gestión. Alfonso Fernández Mañueco no solo revalida su victoria, sino que refuerza su posición tras una campaña en la que la oposición intentó erosionar su liderazgo sin éxito. El resultado consolida al PP en Castilla y León como un poder político sólido, arraigado en el territorio y respaldado por una amplia mayoría de electores. En una comunidad donde la estabilidad política ha sido una constante durante décadas, las urnas vuelven a confirmar que el proyecto del PP sigue siendo el que mejor interpreta la voluntad mayoritaria de los castellanos y leoneses.