Juan Soto Ivars-ABC

  • Hemos pasado del ‘lawfare’ y la máquina del fango a la confabulación judeomasónica internacional con tentáculos en la Policía y la Judicatura. Estamos a un paso de hablar de la invasión de ultracuerpos en la UD

El pobre tertuliano sanchista se despierta confuso y entumecido. Por un momento cree que todo había sido un sueño, pero el móvil en la mesilla le recuerda que no. El argumentario del partido llega puntual por WhatsApp y ahora tiene que irse a la tele a defenderlo. Es un trabajo sufrido y no tan bien remunerado como le gustaría, pero ¿qué otra cosa puede hacer? Otros capan capones y él tiene que masticar disparates y decirlos como si se los creyera. Siempre hay algo de rebeldía en el momento de despertar y las primeras líneas del argumentario le parecen un chiste.

Hemos pasado del ‘lawfare’ y la máquina del fango a la confabulación judeomasónica internacional con tentáculos en la Policía y la Judicatura. Estamos a un paso de hablar de la invasión de ultracuerpos en la UDEF, piensa, pero luego se le aplasta el cerebro bajo el texto del partido y el pobre tertuliano memoriza y termina metabolizando todo lo que le mandan. Su trabajo es permitir que una mano invisible penetre por entre las ancas y mover la boca y el dedito como un muñeco de José Luis Moreno.

Los familiares y amigos del pobre tertuliano sanchista han notado, en los últimos meses, una desmejora progresiva en su comportamiento. Salta como un resorte cuando oye ciertas palabras y se pone a chillar, aunque la conversación no tenga nada que ver con la política. La semana pasada, cuando su prima Mónica le estaba explicando que ha ido al médico porque nota que le pesa mucho el cuerpo, el pobre tertuliano sanchista empezó a gritar que Cuerpo es un magnífico gestor y que el Partido Popular no tiene a nadie que le llegue a la altura del zapato a ese genio de la economía. La familia se le quedó mirando y comprobaron estupefactos cómo el pobre tertuliano sanchista recuperaba la compostura y preguntaba, como saliendo de un trance: ¿qué?

En el coche de camino a la tele ya no puede oír ninguna emisora de radio. Es triste sentir este abandono progresivo, esta soledad. El búnker es cada vez más opresivo y la gente se vuela la tapa de los sesos. La Ser ha caído, como ‘El País’ y La Sexta, seguramente por los sobornos directos de Donald Trump o quién sabe si por un chantaje de los propietarios y los fondos buitre. Son tantos los enemigos que lo único positivo de esta situación de asedio es que puedes elegir entre el surtido como quien abre la tapa de una caja de bombones. Todo hace pensar que los directivos de Prisa tienen a sus hijos secuestrados por una agencia secreta y se ven obligados a decir esas barbaridades sobre el presidente del Gobierno que tanto ha hecho por ellos, aunque mirándolo desde otro ángulo es más plausible que tras la red de influencias e intereses se encuentre Emiliano García-Page. Es raro que el argumentario del partido no mencione esa posibilidad.

Cuando el pobre tertuliano sanchista llega al estudio de televisión, nota que los vigilantes de seguridad le hablan de manera extraña. Le han dicho «buenos días», pero salta a la vista que con las letras de ese saludo puede construirse fácilmente la palabra ‘Subsidona’, que tiene toda la pinta de ser algún fármaco ruso experimental, así que aprieta los puños dispuesto a devolver el golpe, pero ahora los guardias de seguridad hacen como si no existiera en una clara táctica de humillación psicológica.

En pleno golpe de Estado, esta misteriosa concatenación de hechos evidentes no puede ser casualidad. «Me niego a creer que sea casual», dice cuando en la tele le explican los temas del día para la tertulia. Que si Zapatero cortando farlopa, que si el PSOE montando un grupo terrorista para atacar a jueces, que si financiación ilegal. El pobre tertuliano sanchista oye lo que le parece. Nota que el resto de tertulianos se apartan de él y mantienen conversaciones a media voz. Ha llovido una tonelada de información falsa desde que Pedro Sánchez respondiera al testimonio de Víctor de Aldama con el legendario «a ver, menuda inventada», y tanto inventan ahora los jueces y los policías y las potencias extranjeras que es imperioso responder de forma contundente.

Se sientan en el plató. Esto no se parece en nada a Televisión Española, donde los presentadores defienden la verdad y cortan a quien ose citar un bulo de los medios de la fachosfera. No, esto es la jungla. Le dan la palabra a uno que dice que es juez y claramente forma parte de una secta evangélica, y empieza con el rollo ese de la independencia judicial y de los indicios clarísimos y de los informes de la UCO, y el pobre tertuliano sanchista empieza a poner caras, a torcer la boca, a levantar el dedo a ver si le dejan aclarar un poco las cosas, pero la presentadora lo ignora y ahora habla otro que es columnista de algún boletín del Fascio y se descuelga con que las hijas de Zapatero estaban cobrando dos millones por comprar grapas, y ya no se puede tolerar que sigan hablando, y el pobre tertuliano sanchista se pone a gritar desaforadamente.

Empieza con el argumentario, «ya es casualidad que todo esto salga justo cuando el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, presidente, sí, aunque los fachas os pongáis rabiosos, está en Roma afianzando nuestras relaciones internacionales con la Santa Sede y trabajando por la paz mundial», pero su mente rompe amarras y advierte que tiene información de primera mano sobre un intento de magnicidio en curso y que él sabe muy bien que ponen matarratas en su vaso de agua y tira al suelo el vaso de agua y agarra los papeles del tertuliano de al lado y los mira y grita «¡ajá, lo sabía!», señalando la palabra ‘Google’ y se levanta y da tres zancadas y trata de estrangular al juez, y todo el mundo se pone a gritar y viene la Policía, que está en el ajo, y vienen unos señores vestidos de blanco, que están en el ajo, y lo agarran y lo conducen a un furgón acolchado, y lo llevan a un centro donde todo el mundo dice que se tranquilice y se hacen pasar por médicos y por psiquiatras, pero él está muy tranquilo, y no puede ser casualidad todo esto, no puede ser que precisamente hoy, cuando más necesario es defender la dignidad de Begoña Gómez y poner pie en pared y exigir pruebas como recibos bancarios, justo ahora, sí, a él lo estén tratando como al mejor fiscal general del Estado de la historia de la democracia.