Rosario Morejón Sabio-El Correo
- Ciudadanos vigilan y graban los excesos de la fuerza antiinmigración de Trump
El ‘¡todos somos grandes fotógrafos!’ ha experimentado un crecimiento exponencial. En Mineápolis, hombres y mujeres alzaron sus móviles para registrar el trato que los agentes federales de inmigración (ICE) dispensaban a los migrantes. Teléfonos de compromiso ciudadano grabaron el asesinato de una madre y de un enfermero. Renee Good y Alex Pretti eran ‘ICE Watchers’ (observadores de la acción del ICE). Sus muertes en enero fueron filmadas por compatriotas arriesgándose como reporteros de guerra. En su ciudad. Es la seguridad de los republicanos, el partido del orden.
Difundidos los documentos al mundo entero, queda abierta otra guerra entre la Administración de Donald Trump y la verdad en juego. Las imágenes de los asesinatos de Good y Pretti estremecen a la opinión estadounidense como a la internacional; quebrantan a los electores MAGA. Sin estos videotestimonios, ¿qué habría sucedido? «A Dios gracias, tenemos las filmaciones», reconoce el gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz. En una presidencia en la que todos los golpes están admitidos, ha faltado tiempo para emborronar la autenticidad de las imágenes. Entre las redes sociales y la Inteligencia Artificial, las escenas son manipuladas generando pan bendito para Trump y sus lugartenientes. Gracias al pandemónium diseñado, los observadores del ICE abatidos son «unos terroristas: el contexto debe prevalecer sobre los hechos».
Para reventar este relato, el equipo de investigadores audiovisuales de ‘The New York Times’, entre otros, ha reconstruido la muerte de Alex Pretti a partir de seis videos del tiroteo y de otra docena anteriores y posteriores: detalles, sonidos desencriptados, posiciones de manos, de cuerpos, orientaciones de las armas. Todo concluye que el relato trumpista es inverosímil, admitió ‘The Wall Street Journal’, próximo a los republicanos. Entre la ciénaga de imágenes falsas, la prensa ha demostrado que el ciudadano Pretti porta un ‘Smartphone’, ningún arma, cuando le alcanzan diez balas en la espalda. Renee Good fue ejecutada al volante de su coche sin amenazar a nadie. Para evitar que la autenticidad se hunda, habrá que ir detectando las intervenciones de la IA en los contenidos.
¿Qué decir de estos emblemas de la violencia de Estado? Las dos víctimas de la brutalidad policial son dos blancos -«de buenos genes»- que manifiestan su repulsa a la deportación de vecinos llegados hace más de treinta años. La seducción electoral de Trump era sacar del país a las masas de extranjeros irregulares y criminales. ¿A qué obedecen entonces las detenciones de inocentes en razón de sus facciones, piel o mal inglés?
Críticas de los amigos de Fox News, de senadores republicanos y de la opinión general han obligado a una desescalada. La sustitución del cruel Gregory Bovino, comandante de la policía de inmigración, por un moderado Tom Homan es un gesto pero no resuelve el problema de las detenciones arbitrarias. En este caos, el presidente retira a 700 agentes del ICE de Mineápolis y acepta que los 2.000 restantes vayan provistos de cámaras corporales.
El 20 de enero, la atroz estampa del niño Liam Conejo Ramos retenido por el ICE a sus 5 años al salir de la escuela, como anzuelo para atrapar a su padre, sobrecogió al mundo. Un gorrito azul, enmarcando una contundente mirada al vacío, se impuso a la imagen fuerte que Trump se afana en dar a sus expulsiones. Sigue convencido de que el pueblo es favorable a su política de remigración a condición de que su empeño étnico evite las muertes. No. Según una reciente encuesta del Pew Research Center, el 72% de los interrogados considera «inaceptables» las detenciones basadas en características raciales o culturales; el 61% censura a los ICE que enmascaran su identidad; el 54% se opone a los arrestos de ciudadanos que «ayudan a la gente para esquivar a los policías de fronteras».
Frente a los excesos del populismo MAGA, las imágenes de los voluntarios buscan defender la democracia enseñando los muertos de un país abusado. En el informe anual de Human Rights Watch del 4 febrero, la organización entrega una lista impresionante de «violaciones flagrantes» de los derechos humanos perpetradas en EE UU por una Administración que los desprecia. «Las avanzadillas para aumentar los poderes coercitivos del Ejecutivo y neutralizar los contrapoderes democráticos prueban una deriva autoritaria», escribe HRW. La inclinación autocrática viene acompañada de un significativo incremento de las ejecuciones capitales de las que Trump es ferviente defensor para crímenes federales, con el concurso del Supremo. Como sugiere HRW, va siendo hora de crear una «coalición de voluntarios» para seguir defendiendo los derechos humanos. Nos protegen de la arbitrariedad que autoriza la fuerza sin control. A su modo, Bad Bunny ya ha empezado.