Editorial-El Correo

  • La UE busca la estabilidad que le niega Trump en India, un colosal mercado con fuertes desigualdades y devaneos de riesgo con Rusia

El pacto comercial suscrito entre la Unión Europea e India, considerado como «la madre» de todos los acuerdos, abre una zona de libre comercio de dimensiones colosales, con casi 2.000 millones de potenciales consumidores y una jugosa porción del 25% del PIB mundial en sus manos. Frente a la incertidumbre que sacude el concierto internacional, la segunda y la cuarta economía del mundo han decidido blindarse a las turbulencias propulsadas por Donald Trump con un recorte de 4.000 millones al año en aranceles para eliminar barreras a sus importaciones, además de reducir o eliminar el 90% de las tasas aduaneras. Europa manda con este vuelco una señal clara a Estados Unidos al reivindicar su autonomía propia.

Los Veintisiete buscan en el país asiático un nuevo destino a su producción de automóviles, maquinaria, vino y aceite, entre otros bienes. Pero sobre todo algo tan preciado como la seguridad y la estabilidad, negadas por las imposiciones arancelarias de Trump. En realidad, esa presión de la Administración estadounidense ha servido a la UE para impulsar decisivamente los pactos con Sudamérica a través de Mercosur y ahora con India tras décadas de negociación.

Con este entendimiento, firmado por Ursula von der Leyen y el primer ministro indio, Narendra Modi, Europa explora las ventajas de un país emergente, en plena explosión demográfica y económica. A diferencia de China, lastrada por la política del hijo único, India crece con los mayores porcentajes de población joven del planeta -la mitad de sus habitantes tienen menos de 35 años-, aunque también sufre profundas desigualdades sociales. Sacudirse la dependencia de Washington como ha logrado Europa con esta estrategia también entraña riesgos. La UE se ha visto en la necesidad de entenderse con un país en tensión permanente con Pakistán y que aún debe incorporar estándares de calidad democrática y económica.

El hecho de que la Unión invierta 500 millones en la transformación industrial sostenible de su nuevo socio, en un intento por reducir las emisiones contaminantes, confirma la necesidad de control. India es hoy un salvavidas para Rusia, convertida en uno de sus principales compradores de petróleo a pesar de la invasión en Ucrania. Además, Modi se jacta de haber retomado la relación con el líder chino Xi Jinping -como integrantes del club de los BRICS en el que también participa Irán-, devaneos que pueden añadir inquietud a la alianza entre Bruselas y Nueva Delhi.