Gorka Maneiro-Vozpópuli
- El cerco judicial que lo amenaza lo convierte en un animal político… muy peligroso
Al PSOE y al Gobierno de España se les acumulan los problemas en el arranque del nuevo curso político: a la invasión de Ceuta, que provocaron o dejaron que ocurriera, se le une ahora la reactivación judicial de los casos de corrupción que acorralan no solo al PSOE y al ejecutivo sino, por sumisión o condescendencia, a sus socios, que han terminado convirtiéndose en cómplices políticos de ella, lo cual demuestra que la moción de censura contra Rajoy no pretendía luchar contra la corrupción sino sustituir a la derecha por la izquierda, aunque esta fuera incluso más corrupta que aquella. Porque la corrupción de la izquierda es tolerable si la alternativa es que gobiernen los que no son de izquierdas, apoteosis antidemocrática que nos han explicado de tres formas distintas pero complementarias: sutilmente, por las bravas y con hechos.
Así que, tras la escandalosa vulneración de nuestras fronteras con la complicidad o al menos la inacción del Gobierno, la corrupción vuelve a escena y ya ni ellos saben qué es mejor para sus intereses, si que se hable de su corrupción política o de su corrupción económica, porque además hay temas en cola igualmente graves, como la Ley de Nietos o la financiación singular y privilegiada para Cataluña, dos aberraciones políticas, la segunda de las cuales explica el hundimiento del PSOE que se pretende evitar con las trampas de la primera.
Tráfico y blanqueo
Ayer mismo, el expresidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, confirmó ante el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, que la compañía pagó una comisión del 1% al expresidente Zapatero a cambio de que lograra del Consejo de Ministros el rescate de la compañía, cuyos miembros podrían tener graves problemas judiciales si se demuestra la ilegalidad de la operación. El que fuera faro moral de la izquierda está acusado de los delitos de tráfico de influencias, blanqueo de capitales, contrabando y delitos fiscales, pero no es el único responsable.
El propio juez Calama tiene pendiente de investigar a sus hijas del expresidente, a cuya empresa la empresa de Julito habría transferido medio millón de euros por la maquetación de unos informes, lo cual demuestra que cada cual puede pedir y cobrar lo que quiera por su trabajo siempre que el que ande detrás del cotarro sea un expresidente socialista y se abone con dinero público. Y es que ser de izquierdas es, para algunos, tener mucho y declarar poco y estar siempre dispuesto a delinquir cuanto fuera necesario ya que, en última instancia, se trata de parar a la derecha, y para lograr semejante objetivo todo está justificado.
El olvido de Zapatero
Otra que deberá declarar es la secretaria de ZP, Gertrudis Alcázar, a quien el juez considera «pieza operativa esencial dentro de la red organizada» por sus tareas desarrolladas en la oficina de Ferraz propiedad del PSOE, allí donde Zapatero tenía escondidas unas joyas valoradas en más de un millón de euros que olvidó declarar a Hacienda y cuyo origen iba a explicar en una semana o diez días y de las que no tenemos explicación después de ochenta. Es lo que tiene no tener los despachos ordenados y los apuntes contables escritos con buena letra, que cuando un juez trata de aclarar tus actividades solo te queda rezar por que tus hijas vayan a la cárcel solo a visitarte; que el amor de padre no va a ser solo financiar a los hijos con chanchullos y supuestas ilegalidades sino evitar que entren en el trullo.
Hay más casos cuya investigación se reanuda durante los próximos días, como el caso Leire Díez, causa dividida en tres piezas: la trama SEPI de presuntas irregularidades en empresas públicas; la que tiene que ver con las «cloacas del PSOE», o sea, la pretensión de parar las causas que afectan a Sánchez con prácticas mafiosas de amenazas y sobornos varios en las que estarían implicados Gaspar Zarrías o Santos Cerdán; y, finalmente, la pieza separada para investigar los pagos de la trama. Es todo tan repugnante como suena, pero es el peaje a pagar para que no gobierne la derecha.
Además, la Audiencia Nacional investiga un contrato ficticio de 15 millones vinculado a la financiación del PSOE, por lo que nos encontramos con la posible financiación irregular del PSOE y su probable imputación como organización criminal en el horizonte judicial y político, peccata minuta para quienes piensan que el fin de parar a la derecha justifica todos los medios imaginables, corrupciones incluidas. En este escenario donde todo vale, qué importancia puede tener que a la mujer del presidente del Gobierno se la investigue por tráfico de influencias y malversación, cosa que ocurrirá próximamente, o que se condene al hermano del mismo Presidente por prevaricación administrativa, cosa que ya ha ocurrido. Hay otras causas pendientes que afectan a Cerdán, quien fuera secretario de organización del PSOE, y a Ábalos, quien ocupó el mismo cargo además de ser ministro, y que ya fue condenado por el caso de las mascarillas. Como pueden ver, en el PSOE ascienden a la cúspide los mejores y más preparados y Sánchez ha sido implacable contra la corrupción y ya no hay corrupción desde que gobierna el PSOE, razón por la cual sus subordinados le aplauden con las orejas y los más tontos siguen dispuestos a votarlo.
‘Ley de nietos’
Y de fondo, la financiación singular para Cataluña para privilegiarla y la Ley de Nietos para privilegiarse Sánchez a sí mismo y a los suyos: ya que no te votan los españoles que podrían pero no quieren hacerlo, que al menos te voten los que no deberían poder votar porque ni han residido ni residen ni van a residir en España, país donde además no pagan impuestos.
Mientras tanto, a pesar de la corrupción y las trampas, o quizás precisamente por ello, algunas encuestas ya anuncian que el PSOE no llegaría ni siquiera a los 100 escaños en el Congreso de los Diputados; vistas y sufridas las cosas que han ocurrido desde que nos desgobierna Sánchez para salvarnos de la derecha, parecen mucho más de los que el PSOE merece. En todo caso, conociendo a Sánchez, yo no cantaría victoria. El cerco judicial y político que lo amenaza lo convierte en un animal político… muy peligroso.