Teodoro León Gross-ABC
- Si el partido de Abascal no se hace necesario, no tardará en hacerse innecesario
Los nuevos partidos surgen de un estado de ánimo. Su irrupción no se debe a que aporten soluciones, sino a canalizar un clima emocional, casi siempre de malestar. Sucedió con Podemos, tras la crisis de 2008 sobre la ola del 15-M, y también con Vox, tras el procés y la ola sanchista. Lo previsible es que su éxito sólo se prolongue bajo ese caldo de cultivo, y después tienda a vaciarse de sentido. Y ese es el punto letal: dejar de tener sentido. En un dibujo semejante a la curva de Laffer, o a la campana de Gauss, suben aceleradamente desde la nada para alcanzar un punto máximo pero después comenzará a caer hasta desplomarse irreparablemente. Sólo si es capaz de hacerse necesario, más allá de la coyuntura emocional de su efervescencia, tendrá opciones. Pero no parece que hayan aprendido esa lección, que también experimentó Ciudadanos. ¿Cuánto puede durar Vox con la inercia actual?
Desde hace algún tiempo se ha generalizado la idea, bastante absurda, de que nada frena el ascenso de Vox. Supuestamente no necesita hacer méritos, sólo estar ahí contra el sistema. Y eso puede suceder, pero en la fase ascendente, ésa en la que Trump intuyó que podía disparar a los viandantes en la Quinta Avenida y no perder apoyos. En algún punto cambia la tendencia y la caída irá acelerándose de manera fatal. Podemos ha experimentado ese proceso, hasta la irrelevancia, y en Vox, de seguir así, no tardarán. El espectáculo que dan estos días nunca sale gratis a la larga. Tal vez ahora nadie se espante con la exhibición de autoritarismo, pero sucederá. Como a Podemos tras el gran momento de Vistalegre, de donde fueron cayendo Errejón, Bescansa, Alegre, Monedero, Tania, todos los que acompañaban al líder, a Vox le está sucediendo con Espinosa, Monasterio, Ortega Smith… Los cadáveres en el camino en algún punto empiezan a ser un lastre pesado. Una candidata represaliada de Sumar, la escritora Violeta Serrano, retrata en ‘El desencanto de los revolucionarios’ cómo las purgas no depuran sino debilitan las organizaciones con una falsa cohesión, pero cuesta verlo desde la miopía de la superioridad moral ficticia en pleno auge. Y van de purga en purga.
Vox disfruta aún su efervescencia, pero ya se asoma a la zona de riesgo. Realimentarse con el PSOE contra el PP, por interés mutuo, acabará pasando factura. Y los mantras tipo «PSOE, PP, la misma mierda es» sólo le funcionarán un tiempo, como a Podemos, hasta tener que negociar gobiernos. Las abstracciones se deshacen cuando la ciudadanía aguarda en Extremadura, Aragón, pronto Castilla y León… y suma y sigue. En su fase ascendente, Vox puede despreciar y martirizar al PP, pero estará acercándose al sinsentido. Parece el mal de la ya vieja nueva política. Y no aprenden. Si Vox no se hace necesario, no tardará en hacerse innecesario.