Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • Un ministro no está para ser el más locuaz de la clase ni el más bruto de la cuadrilla

Sánchez, tras la tragedia ferroviaria de Adamuz en la que han muerto cuarenta y cinco personas, en el lugar donde mejor se desenvuelve, es decir, en un mitin rodeado de sus partidarios que aplauden diga lo que diga, nos ha explicado que «los desastres ocurren y la cuestión es cómo reaccionamos ante ellos», como si la responsabilidad de un gobernante se ciñera a narrarnos el desastre y a contarnos que ya ha asumido todas las responsabilidades, aunque no haya asumido ninguna. Al parecer, según Sánchez, el accidente ferroviario consecuencia del mal estado de las vías no es responsabilidad de Puente, de quien depende su mantenimiento, sino de la mala suerte, como si fuera la caída de un meteorito indetectable la que hubiera provocado esta desgracia.

Sánchez, además, alabó la actitud del ministro los días posteriores al accidente: «Todo mi reconocimiento a Óscar Puente, que ha dado la cara desde el primer momento de la tragedia». Al parecer, y según el argumentario socialista, a los políticos, siempre que sean del PSOE, debemos agradecer que cumplan con su obligación de comparecer ante los medios y responder a lo que se les pregunte, independientemente de lo que hayan hecho parar evitar que la desgracia ocurra, como si la obligación de un responsable político no fuera hacer que las cosas funcionen y evitar con su trabajo previo que no se produzcan accidentes sino explicarnos después que no supieron hacer nada para evitar la tragedia. A los que son del PP se les puede llamar incluso asesinos, pero eso es porque son de derechas. Así que, según el cínico Sánchez, tenemos que agradecerles que comparezcan ante los medios para explicar la desgracia y callarnos ante el hecho de que no hayan sabido evitarla. Y quien exija responsabilidades a los responsables es un irresponsable.

La responsabilidad de un dirigente no es únicamente informar de los accidentes que ya se han producido sino, sobre todo, evitar con su trabajo que se produzcan. La responsabilidad es sobre todo dedicar tiempo y dinero antes para que los servicios públicos funcionen, no dedicar tiempo después para paliar, distraer o disminuir sus responsabilidades cuando el servicio no se ha prestado o la desgracia ya ha ocurrido. Y, desde luego, cuando uno comparece, debe hacerlo con disposición ante los medios que informan y con empatía hacia las víctimas que han sufrido la catástrofe, pero además debe hacerlo con la verdad por delante y con la información que sea precisa, sin tratar de confundir a la opinión pública con medias verdades, juegos de palabras, datos confusos o falsedades como las que siguen: «un accidente extrañísimo», «la vía no tiene nada que ver» y «todo el tramo ha sido renovado», según el ínclito Puente. Y es que lo más importante de una comparecencia es su veracidad, no que se alargue durante horas.

Palabrería barata

Ya comprendo que el trabajo de todo un ministro de Transportes tenga sus dificultades, pero es su responsabilidad libremente asumida, y si no se es lo suficientemente capaz o se ha cometido un error del tipo que sea, lo que uno debe hacer es dar las explicaciones precisas y a continuación dimitir e irse a su casa. Incluso aunque seas supuestamente de izquierdas. Si dices defender los servicios públicos, tu primera obligación es financiarlos convenientemente y hacer que se presten correctamente; lo demás es palabrería barata y cinismo. Lo que la gente quiere no es un gobierno que lamente la muerte de cuarenta y cinco personas sino sobre todo que haga todo lo posible para que no se produzcan, sobre todo si dichas muertes se producen como consecuencia de un fallo en el mantenimiento de las vías por falta de atención o financiación suficiente, responsabilidad del Ministerio de Transportes, dependiente del Gobierno de España.

Porque un ministro no está para ser el más locuaz de la clase ni el más bruto de la cuadrilla; tampoco está para insultar a ciudadanos o a adversarios en las redes sociales por mucho que sea más divertido… sino para ser eficaz y eficiente en las funciones que le son propias y por las que le pagamos. Y puede ocurrir que cuando dedicas parte de tu tiempo y de tus fuerzas a hacer lo que no te corresponde, dispongas de menos tiempo para atender tus obligaciones; y puede ocurrir que, cuando lleguen mal dadas, la gente te recuerde a qué te has venido dedicando desde que eres ministro en lugar de atender, por ejemplo, las reivindicaciones de los maquinistas, que no son «suflé emocional», señor ministro, sino reivindicación de sus derechos laborales y más seguridad para todos.

Su propia supervivencia

Además, para incidir en el equívoco y en el cinismo político que lo caracteriza, Sánchez insiste en el argumentario para explicar el desastre del transporte de cercanías en Cataluña: «Estamos trabajando día y noche y codo con codo con la Generalitat de Cataluña para que los catalanes dispongan cuanto antes de un Cercanías digno y seguro». Aparte de que no creo que sea para tanto, mucho no les luce después de ocho años gobernando. Quizás la cuestión es que no se trataba de contentar a los gerifaltes de Junts o ERC para seguir arrastrándose en la Moncloa sino de atender a los ciudadanos vivan donde vivan.

Pero es lo que tiene que tengamos un gobierno sin mayoría parlamentaria y sin presupuestos, el instrumento que permite financiar los servicios públicos que se ofrecen o invertir allí donde sea necesario. Que, en lugar de gobernar y atender las necesidades de los ciudadanos, se centra en las suyas propias y, entre todas ellas, su propia supervivencia. Pedro Sánchez hace tiempo que tendría que haber dimitido, tanto por la corrupción política que ha protagonizado como por la económica que, o bien no detectó a tiempo por falta de pericia o bien ha permitido conscientemente por conveniencia. Porque además Sánchez no sólo es el responsable de que Puente sea el ministro de Transportes sino de que antes lo fuera Ábalos, su antigua mano derecha que hoy duerme en la cárcel por dedicarse a lo que se dedicaba, en lugar de dedicarse a ejercer las competencias de su ministerio. Así que el máximo responsable vuelve a ser Sánchez, cuya dimisión es la que debe pedirse. Como no va a dimitir, queda pedir la de Puente. Y esta no es imposible que ocurra: Junqueras, de quien depende Sánchez, la acaba de pedir también.