Carlos Souto-Vozpópuli
- No presenta una moción de censura porque le faltan dos votos. Si Sánchez aplicara esa lógica política ya no gobernaría
Después de que la Justicia comenzara a confirmar algunas de las peores sospechas que desde hace años circulaban alrededor de José Luis Rodríguez Zapatero, el principal líder de la oposición volvió a hablar porque tiene boca. “Haré todo lo posible para que cambie el Gobierno cuando crea que ha llegado el momento”, declaró Alberto Núñez Feijóo. Y probablemente ninguna frase describa mejor el problema político español actual. Porque el drama de España ya no es Pedro Sánchez. Andalucía demostró sin ninguna duda que el problema es Feijóo.
La frase es devastadora. Primero, porque implica que hasta ahora aparentemente no estaba haciendo todo lo posible. Y segundo, porque aun viendo el estado actual de España, todavía “cree” que no llegó el momento. Es decir: el líder de la principal oposición española observa corrupción, deterioro institucional, colonización política de organismos públicos, alianzas internacionales vergonzosas y una sociedad cada vez más asfixiada económicamente, y aun así considera que el momento histórico para actuar todavía no llegó. O sea, España incendiándose y Feijóo esperando el permiso psicológico para usar el extintor.
Descontrol migratorio
Y por los pasillos resuena otra frase todavía peor. Desde Génova deslizan que lo de Zapatero “ha sido la gota que colma el vaso”. Una frase aterradora. No para el PSOE. Para el propio Partido Popular. Porque esa frase implica algo increíble: que para ellos el vaso todavía no estaba colmado. No lo colmó la amnistía negociada con prófugos de la Justicia. No lo colmó el deterioro internacional de España ni la degradación institucional permanente. Tampoco la inseguridad creciente, la sensación de descontrol migratorio o la impotencia de miles de propietarios frente a la ocupación ilegal de viviendas. No lo colmaron las prostitutas, las mordidas, ni la sensación obscena de saqueo permanente sobre el bolsillo de millones de españoles. No.
Y lo más extraordinario es que ni siquiera ahora parece haberse colmado del todo. Feijóo ni siquiera anunció una acción concreta. No presenta una moción de censura porque le faltan dos votos. Si Sánchez aplicara esa lógica política ya no gobernaría. No habló de ofensiva política inmediata. No planteó ruptura alguna. Lo único que hizo fue volver a decir que hará “todo lo posible” cuando él considere que llegó el momento. Tres años después de ganar unas elecciones generales y demostrar que no tenía ni la fuerza, ni la habilidad, ni la capacidad política necesarias para sacar a Sánchez de La Moncloa. Porque conviene recordar algo elemental: Feijóo ya ganó una elección. Y perdió el poder igual. Esa es probablemente la definición más precisa de su gigantesca impotencia política.
Ocupar el poder
Pedro Sánchez perdió las elecciones y siguió gobernando. Aun así, tres años después, el Partido Popular sigue insistiendo con Feijóo como si no hubiera ocurrido nada. Ahí aparece el verdadero problema del PP. La incapacidad absoluta para entender el momento histórico que atraviesa España. Porque Sánchez hace exactamente aquello para lo que nació políticamente: ocupar el poder y conservarlo peleando cada día como si fuera el último.
Enfrente, en cambio, aparece Feijóo esperando. Esperando que el desgaste del Gobierno le entregue La Moncloa como una herencia burocrática. Y aquí la responsabilidad ya no es abstracta ni colectiva. Es directamente de Feijóo. Porque Feijóo elige a sus asesores. Y viendo los resultados, da la impresión de que lo que mejor saben hacer, no es precisamente alta estrategia política. Aparentemente, lo que mejor hacen es cantar por las mañanas. Desde luego conducir al Partido Popular hacia una alternativa real de poder no parece estar entre sus talentos más desarrollados.
Una mala noticia
La historia no premia a quienes simplemente esperan mientras el país se deteriora. Y Andalucía acaba de demostrarlo. Muchos analistas repiten que las elecciones andaluzas confirmaron la debacle del PSOE. Falso. Dejaron de lado probablemente la noticia más importante para el futuro del Partido Popular. Y es una mala noticia. Juanma Moreno Bonilla gobernaba con mayoría absoluta. Tenía 58 diputados. Y el objetivo explícito de esta elección era renovar esa mayoría y convertir Andalucía en la prueba definitiva del supuesto crecimiento nacional del PP. ¿El resultado? Perdieron la mayoría absoluta.
El PSOE perdió menos bancas que el PP y no drenó sus votos hacia ninguna fuerza emergente. El PP sí. Su descenso alimentó el protagonismo de Adelante Andalucía. Ocho diputados que no representan simplemente matemática parlamentaria. Representan ruptura psicológica. Representan una sociedad agotada que empieza a buscar salidas alternativas. Y representan, sobre todo, algo revelador acerca de Feijóo: incluso en el territorio más favorable para el PP, incluso con uno de los dos dirigentes autonómicos más sólidos y competitivos que tiene; bajo su liderazgo el partido perdió una mayoría absoluta con una carga simbólica muy pesada.
Líderes con energía real
Le hizo pasar un mal momento a Moreno Bonilla (que también equivocó el tono de campaña tal vez condicionado por la medianía partidaria), quien junto a Isabel Diaz Ayuso son en estos días los únicos dos dirigentes del PP con energía política real, liderazgo emocional y proyección nacional competitiva.
Y mientras tanto España sigue esperando. Esperando una oposición. Esperando un liderazgo real. Esperando a alguien que entienda que el vaso de la gente de a pie hace muchísimo tiempo dejó de colmarse y directamente terminó empapando el mantel en la mayoría de las mesas españolas.