Ignaciza De Pano-Vozpópuli
- Su papel con el régimen chavista ha sido tan siniestro, ahí lo caló bien Delcy, como bien pagado
“De Zapatero, ni una mala palabra ni una buena acción”. Así me definió al personaje durante su mandato como presidente del Gobierno un catedrático, viejo defensor de las libertades, que compartió claustro con él en la Universidad de León y observaba entonces, entre incrédulo y asustado, su gestión al frente del Ejecutivo. No era apreciación exclusiva suya, sino opinión generalizada entre todos sus compañeros. En presencia de Zapatero, la mejor salida era siempre ir dando pasos hacia atrás sin perderle la mirada. Por si acaso.
Así como es muy fácil percibir el estado de ánimo de Sánchez simplemente mirándole la cara, cada vez más descompuesta, el rostro de Zapatero es, usando la célebre frase de Churchill, un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma. Tiene algo de máscara de payaso de circo humilde, de esas que producen en los niños más terror que risa. Sus ojos azules, en general tan apreciados en un país en el que no abundan, no le favorecen. Son tan fríos que puede que sea el suyo el único caso en el mundo en que alguien mejoraría mucho su aspecto solo cambiándolos por otros marrones, más ordinarios.
Cuando uno se imagina a Zapatero siempre lo visualiza sonriendo, con esa sonrisa rara que se queda cristalizada en el rictus de la boca y no contagia al resto del rostro. Fue con esa sonrisa puesta con la que al final de su mandato, en septiembre de 2011, durante el homenaje al que fue su profesor el catedrático de mercantil José Manuel Otero Lastres, nos dejó esta perla sobre su futuro como expresidente. Recordando a Ramón Gómez de la Serna dijo que “el mejor destino es de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo”. Y algunos incluso se lo creyeron. Pero ya entonces las vías del cerebro de ZP, como se le llamaba por entonces, debían haber cambiado sus engranajes para encaminarse a lo que ha resultado ser el verdadero fin de su vida: amasar una gran fortuna sin que pequeños detalles como los derivados de unos mínimos principios morales se interpusieran en su camino.
Fue Zapatero el que abrió el primer boquete de la grieta que separa hoy a los españoles en dos lados casi irreconciliables, con su reivindicación de una memoria histórica que volvía a abrir las heridas que ya habían sido cerradas por aquellos en los que habían sangrado. Con su reivindicación asimétrica de unos y otros, poco a poco fue envenenando la vida política española hasta dejar el paso abierto a personajes como Sánchez, que antes de su callada y eficaz tarea de destrucción de los valores de la transición jamás hubiera podido pasar de concejal de quinta fila. A cada año que pasa más nefasto se nos revela su legado presidencial. Como bien decían sus compañeros de la Universidad de León, pasó por Moncloa sin dejar una buena acción.
El origen de su fortuna
En su última declaración de bienes como presidente, realizada en 2011, reconocía Zapatero como todo patrimonio 200.000 euros en el banco e inmuebles (una parcela) por valor de alrededor 38.000 euros en León. Es curioso lo bien que le han ido las cosas a ZP en estos años contando nubes. Pasamos del trozo de terreno en una provincia a chalés impresionantes en lo mejor de Lanzarote y mansiones en los barrios más caros y elitistas de Madrid. El origen de su fortuna, oscura como él mismo, está aún por acabar de discernirse, aunque sus labores de presunto intermediario, y digo presunto porque ya sabemos a favor de quien intermediaba, de la narcodictadura venezolana y ciertas participaciones en minas de oro y brillantes pueden haber tenido mucho que ver.
Zapatero, que conoció a los hermanos Rodríguez a través de Víctor de Aldama y que no tardó mucho en hipnotizar a Jorge con su suavidad envolvente, Se revuelve ahora buscando protección. La intervención de Trump en Venezuela ha cambiado completamente las reglas del juego y ya no es aquel en el que el se movía como pez en el agua. La propia Delcy, que en público llegó a llamarlo ‘mi príncipe’, lo califica de ‘siniestro’ en privado, según publicaba este lunes Isaac Blasco en Vozpópuli. Sánchez empieza a alejarse lentamente de él, apenas le dedicó un leve guiño de compromiso ayer mismo, después de haber conseguido, vía Ábalos, que lo aceptase en su círculo más íntimo, desde donde influyó decisivamente para que se rescatara la compañía Plus Ultra, cuidando de los intereses bolivarianos y muy especialmente, de los suyos propios.
Ahora, los presos políticos venezolanos que han vuelto y pueden por fin hablar lo colocan en su sitio. Laurent Naleh, encarcelado en “La Tumba”, donde padeció durante 25 meses, recordaba en X que mientras él era torturado, Zapatero llamaba a su madre y la presionaba para que dejara de denunciar las torturas que el régimen de Maduro infligía en su único hijo. Hay que tener estómago. Del mismo modo, Sergio Contreras, portavoz de los presos españoles, declaró hace unos días en su programa televisivo a un atónito Risto Mejide que “yo mismo vi a Zapatero pasar delante de mi celda de la cárcel militar de Ramo Verde cuando vino a tratar de convencer a los presos políticos de que no protestáramos contra el Régimen”. Esa imagen de la sombra de Zapatero caminando entre celdas sin la menor compasión por los presos, con su sonrisa helada y sus ojos azules más helados aún, es insoportable para cualquiera que aún conserve alguna noción del Bien.
Es probable que ZP salga indemne de sus causas judiciales y vuelva a reinventarse, porque esa es su naturaleza, la del superviviente silencioso. Pero no le va a ser fácil. Tanto que le gusta invocar a la memoria histórica, ahora es él en persona quien forma parte no solo de la de España, sino también de la de Venezuela. Se le recordará para siempre y de forma ignominiosa. Su papel con el régimen ha sido tan siniestro, ahí lo caló bien Delcy, como bien pagado. El profesor Otero Lastres, que fue profesor no solo de Zapatero sino también de Mariano Rajoy, declaró en una entrevista concedida al Diario de Pontevedra que “Rajoy fue mejor alumno que Zapatero, pero a este ya se le veía que iba a ser político”. Hay que saber leer entre líneas.el profesor sabía de quién estaba hablando.