Juan Carlos Viloria-El Correo
- Sus viajes a Venezuela y el papel de mediador se mueven en una bruma impropia de un expresidente
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero acaba de negar que realizase un papel mediador en el inusitado rescate de Plus Ultra, la aerolínea de capital venezolano a la que el gobierno de Pedro Sánchez concedió una ayuda de 53 millones de euros pese a que apenas tenía plantilla, aviones, ni clientes. Han sido sus primeras palabras de desmentido tras los insistentes rumores sobre su implicación en el rescate y mucho ruido mediático en relación con supuestos negocios «globales» del expresidente socialista.
El lacónico desmentido no ha despejado la bruma que rodea sus actividades que se mueven en el ambiguo, confuso e indeterminado terreno que toca la política internacional, la mediación, la asesoría, comisionista o conseguidor, sin que se sepa exactamente a qué se dedica y de dónde provienen sus ingresos. Zapatero ha admitido haber cobrado por labores de asesoría. «Es una prestación de servicios que yo realizo para un entidad privada. Creo que es un derecho. Solo faltaría», dijo sin precisar más.
Pero es especialmente llamativo su desempeño durante los años del gobierno de Maduro en Venezuela donde hay muchos claroscuros que van desde su mediación en la liberación de presos políticos a su amistad y complicidad con la cúpula del régimen dictatorial. No encaja muy bien su presunto papel de liberador de presos contrarios al régimen con las felicitaciones efusivas de Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y el propio Maduro.
Ahora vuelve a Venezuela en una misión de la que el Gobierno español se desmarca y cuyo propósito también permanece opaco. Desde que se descubrió la relación de negocios y amistad entre el expresidente y el asesor de Plus Ultra, Julio Martínez Martínez, posteriormente detenido por supuesto blanqueo de capitales, Zapatero prácticamente desapareció de la escena pública y, de hecho, ni siquiera su partido le ha requerido.
Un expresidente del Gobierno de España no puede moverse en las sombras y sus actividades políticas o profesionales deben ser transparentes para despejar cualquier duda de que no se beneficia crematísticamente de su estatus, cuya dignidad y manutención ya está prevista en el Real Decreto 405/1992 que le asigna pensión, seguridad, chófer, ayudantes y gastos de oficina. Sus predecesores González, Aznar y Rajoy se buscaron la vida con mayor o menor fortuna. González tuvo una relación con el empresario mexicano Carlos Slim también poco transparente, mientras Aznar se dedicó a dar conferencias y Rajoy volvió a su puesto de Registrador. En todo caso siempre fueron jarrones chinos. Zapatero ha optado por traerse el jarrón directamente de China.