- Los dos socialistas le deben urgentes explicaciones a los españoles por su alineamiento con una dictadura, entre sospechas además de negocios espurios
La caída de Nicolás Maduro y la compleja transición que se abre en Venezuela, que incluye la necesidad desgraciada de contar con partes de ese abyecto régimen, puede y debe tener un efecto de onda expansiva en España que nada ni nadie debe parar.
Porque existen sospechas más que razonables de que una cruel dictadura ha sido una oportunidad de negocio para quienes luego, con infinita impostura, más lecciones de democracia y derechos humanos se creen en disposición de impartir.
Y porque, además de esas presuntas ganancias individuales, existen testimonios e indicios de que el régimen financiara a organizaciones del entorno del expresidente Zapatero y de su sucesor, Pedro Sánchez: Víctor de Aldama, empresario cuyas gestiones entre Caracas y Madrid están perfectamente documentadas, ha afirmado tener pruebas de que la Internacional Socialista y el propio PSOE se financiaron con dinero del chavismo, algo que deberá certificar en sede judicial a la mayor brevedad posible.
Lo que está perfectamente documentado es la tristísima complicidad de Zapatero con el chavismo, su repugnante blanqueamiento de la dictadura o su disposición a auxiliarle en ámbitos internacionales para camuflar su totalitarismo como se demostró ayer con la gratitud que le manifestó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.
Y también es un hecho que, parejo a ese papel infame de Zapatero, Pedro Sánchez ha acompasado la política española en Venezuela, con una sintonía obscena con Maduro que ahora ya no pueden borrar.
La falta de reconocimiento formal a Edmundo González, ganador de las Elecciones, el desprecio a María Corina Machado, el mantenimiento de relaciones diplomáticas con Caracas o la burda utilización de la embajada española para extorsionar y desterrar al vencedor en las urnas son gestos de apoyo expreso o tácito a un tirano, hermanado a la vez con Zapatero.
No en vano, Sánchez se ha caracterizado por ser casi el único presidente europeo que, ante una operación que ofrece una esperanza democrática a los venezolanos, ha dedicado todas sus energías a criticar a Donald Trump más que a ayudar a consolidar el cambio.
A todo esto hay que incorporarle la sombra de los negocios ocultos, de los viajes misteriosos, de los rescates polémicos y de las visitas clandestinas, para llegar a una conclusión: Sánchez y Zapatero tienen que dar muchas explicaciones a los españoles, en sede parlamentaria y judicial llegado el caso.
Y ninguna de ellas tapará ya el oprobio histórico de haber sido cómplices ideológicos y operativos de una cruel tiranía que ha reprimido, asesinado, encarcelado o desterrado a millones de personas. Esa vergüenza ya no tiene remedio.