Aquí no hay nadie

EL MUNDO – 09/05/15 – ARCADI ESPADA

Arcadi Espada
Arcadi Espada

· Querido J: Alude nuestro amigo Félix de Azúa, en uno de sus frecuentes trallazos de Gente que vive fuera (al fin pudimos estrenar la película el jueves en la ciudad, y tú faltaste) a la vanidad barcelonesa, ésa que le hizo mirar siempre por encima del hombro al resto de los españoles, y que opone al nacionalismo catalán un supuesto nacionalismo español de paletos achaparrados y con bigote. He pensado mucho en la vanidad de tu antigua ciudad a la luz del fragmento barcelonés del sondeo del Cis, que atribuye el primer lugar de la lista a una señora Ada Colau, del todo improbable pero real, vaya si real. El primer estribo de la vanidad es el conjunto del sondeo que prevé la entrada en el municipio de siete fuerzas políticas. Con hartante frecuencia la vanidad barcelonesa había opuesto su pluralidad política al rígido español binario. No hay motivos para el desfallecimiento: si España propone cuatro partidos, Barcelona propone casi el doble, a falta de que UPyD cante como el cisne o el Partido Animalista confirme su cornada. El resultado es un ayuntamiento que no tiene posibilidad ni siquiera irracional de gobierno, lo que es una enorme sorpresa dado el pelaje intelectual que va a habitarlo. Y que confirma ese delicado momento de las comunidades civiles cuando el pluralismo deviene desarticulación.

Tu desconocimiento de la Colau, de quién es y de lo que supone, puede y debe paliarse con el tratamiento de choque del vídeo que ha grabado para presentarse ante los electores, titulado El Run Run. Una runba, puramente antológica, que encontrarás en YouTube. Destaca la idea de que el Run Run es el bien común, y ya. Ada Colau habla y le hacen un autotune, que es un photoshop de la voz. El run run en las calles, en las plazas. El run run es defender el bien común. La gente sencilla, la gente honrada tenemos el poder. Hay un viejo que cuando viene el run run tira las muletas y vuelve a caminar. Y Ada, que tanta gracia se hace a sí misma la autotunanta.

Esto es lo que va a gobernar durante los próximos años. La vanidad barcelonesa no lograría explicarse jamás cómo la ciudad ha conseguido ponerse a la altura ética y estética de un rapero famoso del espectáculo extremeño, llamado Monago, comunista, porque ser comunista está hoy al alcance de cualquiera. Pero la vanidad, aparte de su look insufrible, es una explicación parcial de la realidad. Como supongo que sucede con cualquier otra ciudad Barcelona ha luchado duramente contra sí misma. Luchó la ciudad trazada del noucentisme, la Catalunya-ciutat, con la ciudad de la Semana Trágica y de las bombas. Luchó la mirada de la miliciana María Ginestà, dulce, altiva, unificadora, arquetípica sobre la terraza del hotel Colón, con lo que sucedía a ras de suelo, al menos tres guerras civiles sucediéndose, rojos contra azules, rojos contra rojos, rojos contra gualdos. Y luchó el príncipe Maragall contra la ciudad regurgitada, agria memoria láctea, del cronista Manuel Vázquez Montalbán. Comprenderás que valga la pena ocuparse de este último momento para saber no de dónde viene Colau, sino quién es Colau.

En enero de 1987, cuatro meses antes de las elecciones municipales y tres meses después de que Barcelona fuera nominada ciudad olímpica, un grupo de vecinos del barrio viejo pusieron en marcha la campaña Aquí hi ha gana (Aquí hay hambre). La imagen de la Barcelona resultante de la campaña era la de una ciudad con paro, tuberculosis, mortalidad infantil y hambre. El catolicismo (Jaume Lorés), el populismo (Francesc Candel) y el comunismo (Vázquez Montalbán) unieron sus fuerzas como de costumbre. Los sintagmas nueva pobreza y cuarto mundo se manejaban con una agilidad ética y una podredumbre estética que hoy envidiaría el chico Cintora. TV3 inauguraba el género de la pornografía de la miseria, que tanto rédito contemporáneo procura hoy. Y La Vanguardia clamaba en sus editoriales contra la prostitución callejera mientras crecían sus anuncios de putas domiciliadas. Sin embargo, para el príncipe Maragall, como recuerda una crónica reciente del diario El Punt-Avui, Aquí hi ha gana tenía un nombre: «Convergència i Unió impulsó una campaña falsa e hipócrita, aprovechando un repunte de la inseguridad ciudadana y los efectos de la heroína». La campaña, y un adversario electoral excelente y peligrosísimo, el convergente Josep Maria Cullell, se quedaron a 75 mil escasos votos de truncar el maragallismo y su Barcelona.

Casi es inútil aludir a las diferencias entre entonces y la situación que hoy encabeza nuestra Colau. Ayer hambre, hoy desahucios. Aunque el progreso empuja cada hora que pasa y la demagogia, en consecuencia, resulta más insoportable e inmoral. He de decirte que sería un ejemplo de justicia poética que el alcalde Trias perdiera ante el remake del mismo infecto populismo que promovió su partido. Pero la diferencia sustancial es que hace 28 años el populismo tenía alguien que le plantaba cara. Una política, con su Príncipe, racional, alfabetizada, ambiciosa, despótica y moderna. ¿Qué puede oponer hoy al populismo el liso alcalde Trias (cuyo acierto de gobierno más importante ha sido seguir la plantilla de las tres décadas socialistas), él que forma parte de la peor de sus vertientes, la que ha extendido sobre la ciudad de Barcelona esa costra uniformadora (vías, cadenas, uves) a la que se refería Cayetana Álvarez de Toledo en su limpia y severa presentación de la película?

Colau está vista y revista. La ciudad cutre y desollada de todas las ciudades. Con su pequeña plusvalía, si se quiere. La que tan sutil e irónicamente describió Valentí Puig: «No en vano es una ciudad con dos grandes templos expiatorios». Mucho que expiar. El problema es que enfrente de Colau ya no hay nadie. Que hasta el mismo Príncipe, tu quoque, optó por apuñalarse.

Sigue con salud,

EL MUNDO – 09/05/15 – ARCADI ESPADA