La corrupción

JOSÉ MARÍA CARRASCAL – ABC – 21/04/17

· La partitocracia ha acelerado el proceso, al convertir los partidos en los mejores vehículos para enriquecerse.

La máxima de lord Acton «El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente» se está cumpliendo al pie de la letra en España, donde los grandes casos de corrupción se han dado en mayorías absolutas que gobernaron un largo periodo de tiempo, –Cataluña, Madrid, Andalucía, Valencia–, no importa el color político. Sí consideramos la corrupción el uso de los cargos públicos para el enriquecimiento privado, tal reciprocidad se entiende al producir el poder tal embriaguez que ejercido por mucho tiempo, termina creando entre quienes lo detentan una sensación de impunidad.

Que es, al parecer, lo que ocurrió al PP, PSOE y a CiU. Lo digo no como excusa, sino al revés como reproche, pues si robar a un particular es reprobable, robarle a todos es vituperable, sobre todo en democracia, ya que la dictadura se asienta en una corrupción básica: robar la soberanía al pueblo. Recuerdo al respecto lo que dijo Aldai Stevenson: «El poder corrompe, pero la falta de poder corrompe absolutamente», que parece contradecir a lord Acton. Pero no. Stevenson, que no llegó a presidente tal vez por ser demasiado inteligente, quería decir que un pueblo sin soberanía es pasto de la corrupción. Lo que pone duda la calidad de nuestra democracia.

Otra de las máximas más comunes sobre «la corrupción, es que, como con el pescado, «empieza por la cabeza». De acuerdo, pero falta advertir «y se extiende por todo el cuerpo hasta la cola». Quiero decir que en toda corrupción hay un corrupto y un corruptor, quien corrompe y quien se deja corromper. La llamada «corrupción sistémica» no se confina, por tanto, a la Administración, abarca una masa ciudadana que busca beneficiarse de la familia, de las amistades o del partido para alcanzar ventajas sobre los demás. Y ahí sí que podemos decir aquello de «quien esté libre de pecado que tire la primera piedra».

¿Tiene remedio? Todo tiene remedio y si la corrupción empieza como una pequeña bola de nieve que va cogiendo volumen montaña abajo hasta convertirse en avalancha, la corrupción de la que hablamos comienza con ingresar dinero para el partido para terminar embolsándoselo. En este sentido, la partitocracia que montamos no ha hecho más que acelerar el proceso, al convertir los partidos en los mejores vehículos para enriquecerse. Algo que tendrán que cortar si no quieren quedar sepultados por sus miserias. Y sepultándonos.

También conviene advertir es que, a la larga, no se obtiene más provecho con la corrupción que con la decencia, que los norteamericanos resumen en su proverbio «honesty is the best policy», lo que es verdad, contra lo que generalmente se cree, y si no, pregúntenselo a quienes salen en los titulares a diario. Pero para eso se necesita vivir en una auténtica democracia, algo que no interesa a la extrema derecha ni a la extrema izquierda, presas en las redes de su dogmatismo y convencidas de que el fin justifica los medios, cuando la democracia es precisamente lo contrario.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL – ABC – 21/04/17