La protesta de los ‘indignados’ arruina a Zapatero y Rajoy el cierre de campaña

La protesta de los indignados se extendió ayer con fuerza por toda España, arruinando a José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy el cierre de la campaña electoral, cuyos mensajes pasaron casi inadvertidos. Miles de personas desafiaron en la Puerta del Sol de Madrid la prohibición de la Junta Electoral Central, que fue ratificada anoche por el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo, obligando al Ministerio del Interior a tolerar las concentraciones.

El movimiento que ahora se conoce como Toma la plaza mantiene convocada una nueva protesta para este sábado, jornada de reflexión, y ya comienza a organizarse para resistir más allá del 22-M. Mientras, el PSOE y el PP continúan sin saber reaccionar ante un fenómeno que les ha sorpendido con el pie cambiado. Ambos partidos celebraron anoche el fin de la campaña con sendos mítines en la capital, ensimismados en los mensajes que llevan repitiendo en las últimas semanas y eclipsados por el creciente protagonismo de los indignados.

Frente al último esfuerzo de Zapatero y Rajoy para pedir el voto a los españoles, unas 20.000 personas se reunieron en el centro de Madrid bajo el lema No nos representan, ajenas a los actos de los partidos políticos. Las acampadas se han reproducido con éxito en muchas ciudades de España, e incluso han sido copiadas, aunque de forma minoritaria, en otros países europeos.

El malestar por la crisis económica y el funcionamiento del sistema político ha dotado a este movimiento de una gran popularidad, a pesar de que hasta anoche no fue capaz de fijar una lista de reivindicaciones. Tras deliberar en asamblea, los indignados de la Puerta del Sol aprobaron 16 propuestas que van desde el cambio de la ley electoral, con listas abiertas, a una reforma fiscal favorable a las rentas bajas. Asimismo, reclaman nacionalizar empresas y tumbar normas como el Plan Bolonia, la ley Sinde o la Ley de Extranjería.

Zapatero se aleja de Sol

Precisamente la cercanía del foco de la protesta a la Plaza Mayor -que dista apenas 200 metros de la Puerta del Sol- aconsejó al PSOE cambiar este último escenario, el inicialmente previsto para su mitin de cierre de campaña, por un pabellón del Recinto Ferial Juan Carlos I, a las afueras de la ciudad. Zapatero, al que acompañaban los candidatos a la Comunidad y el Ayuntamiento, Tomás Gómez y Jaime Lissavetzky, respectivamente, sólo se refirió en un par de ocasiones durante su intervención a los activistas del Movimiento 15-M, aunque no los citó expresamente.

Primero dijo que «a nosotros no nos asustan las movilizaciones, sino que nos comprometen», dando a entender que es el PP el que está preocupado por el alcance de la protesta. Pero, en realidad, los socialistas no ocultan su alarma ante el riesgo de que el desapego hacia la clase política que proclaman los indignados se traduzca el domingo en un elevado índice de abstención, que perjudicaría mucho más al PSOE que al PP. De ahí que Zapatero añadiese a renglón seguido, en una clara alusión a aquéllos: «No estoy de acuerdo con quien no quiere votar, porque el voto es la palanca más poderosa de cambio que hay».

El líder socialista, por lo demás, repitió los ya desgastados argumentos que ha utilizado durante toda la campaña. «Vamos a superar la crisis y a hacer que la economía española crezca con más fuerza», proclamó, aunque no dio ninguna pista de cómo piensa alcanzar ese objetivo. Volvió a presumir de que «este es el momento de la historia de España con mayor protección social», pese a los recortes generalizados que él mismo impuso hace un año. Y acusó de nuevo a Rajoy de que el paro «sólo le interesa como arma electoral».

Tampoco hubo el menor asomo de autocrítica en el discurso de Zapatero por el alcance de la crisis o los casi cinco millones de parados. Por un momento pareció que iba a hacerlo: «Me siento el principal responsable…», se arrancó a decir. Pero añadió a continuación: «…de ayudar a quienes no tienen trabajo a que encuentren un empleo».

Sonó casi a sarcasmo cuando afirmó, dirigiéndose a Lissavetzky, el rival de Alberto Ruiz-Gallardón: «Jaime, te veo de alcalde», porque todas las encuestas dan al candidato del PP una holgada victoria por mayoría absoluta en la capital. Y dedicó a Gómez, el contrincante de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, otro brindis al sol: «Tomás, con tu fuerza y tu valentía eres capaz de cambiar lo que sea necesario».

Rajoy esquiva a los ‘indignados’

El PP había plantedo estos comicios como un referéndum sobre la gestión de Zapatero, con la intención de forzar un adelanto electoral. Rajoy, Aguirre y Ruiz-Gallardón, que compartieron anoche escenario en el Palacio de los Deportes de Madrid, no cambiaron el guión, y evitaron cualquier referencia directa a las protestas de la Puerta del Sol. No obstante, el líder popular trató de reivindicar el papel de los políticos y llamó a ejercer el «derecho político más sagrado» acudiendo a las urnas. «Estas elecciones son el primer paso para recuperar la imagen de un país serio y ordenado», dijo como guiño a su electorado conservador, sigue con cierta inquietud el devenir del movimiento Toma la plaza.

En la calle Génova se teme que la abstención, ya sea fruto de la euforia de las encuestas o del mensaje de los indignados, estropee la amplia victoria que pronostican todos los sondeos. Por ello, también la presidenta madrileña afirmó que la auténtica «rebeldía», para que «triunfe la democracia sin adjetivos», consiste respaldar al PP en las urnas. Aguirre ha destacado estos días por su oposición a la protesta de la Puerta del Sol, e incluso bromeó durante la tarde de ayer con enviar a los 90.000 militantes de su partido en Madrid a acampar en la calle Ferraz, frente a la sede del PSOE.

En el acto de cierre electoral, la presidenta madrileña volvió a cargar contra los protagonistas de la protesta porque, a su juicio, son millones los españoles que están en esas circunstancias de desempleo y desencanto hacia la política por la «indignidad» del Gobierno. No obstante, puede darse la paradoja de que un adelanto electoral -que Zapatero ha descartado- obligue al PP a gestionar desde el Ejecutivo la conflictividad social asociada a las protestas, que se vería reforzada, además, con la contribución de parte del electorado socialista y de IU.

Crecen las protestas en Sol

La prohibición dictada por la Junta Electoral Central, que ha vetado las manifestaciones durante las jornadas de reflexión y votación, así como la llegada del fin de semana, no han hecho más que avivar las protestas en Madrid y el resto de España, pese a lo cual Rubalcaba dio a entender ayer que el Gobierno las tolerará, asegurando que las fuerzas de seguridad actuarían con «oportunidad, congruencia y proporcionalidad». El vicepresidente y ministro del Interior añadió que «para resolver un problema, la policía no va a crear otro».

El Ejecutivo, finalmente, permitió que la Puerta del Sol se abarrotara ayer de manifestantes, que volvieron a lanzar consignas en contra del PSOE, el PP, los bancos o la crisis. Esta tarde la concentración volverá a repetirse, aunque el campamento permanente, dotado de todo tipo de servicios, ya ocupa de por sí todo el espacio de esta céntrica plaza. Asimismo, hay convocadas asambleas durante el 22-M y también para el próximo 28 de mayo. , por lo que las movilizaciones se prolongarán, al menos, hasta el próximo fin de semana.

EL CONFIDENCIAL, 21/5/2011