Lección práctica de Gamonal

EL MUNDO 19/01/14
MANUEL JABOIS

El lugar de Os Praceres, en Pontevedra, fue a finales del siglo XIX un lugar elitista de veraneo con playa de arena blanca, balneario y mansiones a las que acudía la jet set. Montero Ríos, figura central de la Restauración y presidente del Gobierno –brevísimo–, tenía allí su pazo y recibía de veraneo al cogollo político de Madrid. Las imágenes de la época muestran aquel cultivado turismo pitiminí de pieles blancas y comidas pantagruélicas. La Guerra Civil reventó el lugar y en 1957 Franco adjudicó en medio de la ría una gigantesca fábrica de celulosa que arrasó la playa; hoy hay vecinos que se despiertan a 50 metros de una troceadora de sólidos. El impacto sobre la naturaleza fue similar al de poner un vertedero en mitad de Cannes. La fábrica sigue allí luchando por seguir a los pies del mar mientras Feijóo, tras el romance de Fraga con Ence, le ha puesto fecha de salida: 2018. Aún no está claro que la empresa salga ni que la Xunta lo exija.
Un día de 1999, hermoso apogeo de la democracia, los resignados vecinos de Os Praceres se despertaron con una gran noticia. Ese año la Xunta, que había autorizado un relleno gigantesco del vecino puerto de Marín, adjudicó una vía del tren en mitad de la plaza del pueblo. La única plaza de Os Praceres sería atravesada por un ferrocarril; naturalmente, la administración exigía que la máquina redujese la velocidad al pasar y que hubiese señales para que los niños no atravesasen las vías. Todo eran ventajas, pero los vecinos no lo entendieron. Se levantó en protesta mucha gente, pero fueron sobretodo mujeres las que hicieron guardia. Os Praceres, en la parroquia de Lourizán, es barrio de mariscadoras. Detuvieron a varias y el inicio de los trabajos tuvo que aplazarse muchas veces. No hubo refuerzos de ninguna parte de España, eso sí lo recuerdo, porque para entonces la gente no estaba por la revolución ni el capitalismo había engendrado monstruos. Tampoco hubo eco en la prensa española. En 2002, tras una agotadora lucha, el tren cruzó la plaza de Os Praceres ante la atónita mirada de los vecinos. Hubo gente que dijo que jamás pensó que a 200 metros de una fábrica contaminante frente al mar fuese a pasar un ferrocarril en medio de la única plaza del pueblo. Siguen ahí.
Cada vecino tiene su obsesión. Sobre plano, el problema de Gamonal es diferente al de Os Praceres salvo en una cosa: los vecinos rechazan la obra. Probablemente sea la primera vez que un Ayuntamiento quiere gastar un dineral en algo que un barrio no ha pedido; lo lógico es que antes de la campaña se recojan peticiones vecinales y que haya bronca cuando no se cumplan. Cómo será el interés general en Burgos que un alcalde quiere gastar a toda costa el dinero en una obra repudiada. Ahorro el contexto por sabido, incluido ese empresario Méndez Pozo que hay en cada ciudad de España, la última en la que uno me dijo, a los diez minutos de conocerme, que él no pagaba una tasa porque para eso había colocado a su sobrino en una concejalía del Ayuntamiento. «¿Y si la repone?». «Tengo más sobrinos».
Hace poco un amigo que visitó Os Praceres me preguntó por qué se hizo esa obra. No sólo eso: por qué nadie se había enterado. Contesté sin pensar que había faltado más violencia. Que yo había visto esa mueca de los alcaldes cuando se juntan 3.000 vecinos en una manifestación y esa otra cuando 300 organizan una barricada. Y el papel fundamental, y peligrosísimo, de los periodistas buscando al hombre que muerde al perro. Ha causado estupor que se haya conseguido parar una obra en Burgos mediante la violencia en un país que ha sido gobernado siempre, salvo excepciones lujosas, gracias a la violencia, como todos. La violencia funciona. Es responsabilidad de los violentos y de los que ceden, como el alcalde de Burgos. Y tampoco hay que avergonzarse mucho.
Los vecinos de Os Praceres, agotados, decidieron obedecer a la democracia y presentar denuncias. Dejen de ocupar las calles y ocupen la ley, les dijeron. Allí se fueron a gastar en abogados. Ganaron los juicios; la Administración los recurrió todos. Por fin en 2007 el Tribunal Supremo declaró ilegal el relleno del puerto y los pasos a nivel del tren en la plaza de Os Praceres. He hablado con varios responsables políticos en los últimos años y no se molestan mucho en reconocerlo: jamás cumplirán la sentencia.
Los vecinos de Gamonal ni siquiera tienen la ley de su parte.