Líderes responsables

EL MUNDO – 17/12/15 – VICTORIA PREGO

· Así está el clima político al final de la campaña: el presidente del Gobierno recibe en la cara un tremendo puñetazo; no una bofetada, sino un puñetazo brutal que le asesta un joven que se declara encantado con su hazaña. Ahora se elevarán inmediatamente unas cuantas voces reclamando que no se saque de quicio lo sucedido y se echará mano del argumento estrella cuando lo que se pretende es escurrir el bulto: se dirá que estamos ante un hecho aislado que no tiene significado político.

Pero sí lo tiene. Hace muchos años ya que contra el Partido Popular –que, hay que recordarlo ahora, obtuvo en las últimas elecciones generales el apoyo de nada menos que 11 millones de españoles– se ha cultivado entre la izquierda una inquina que tiene mucho de emocional, poco de racional y mucho menos de razonable, porque el PP es un partido conservador homologable a los que existen, gobiernan y son respetados en los demás países de la UE. Y esa inquina, que en los casos de los políticos experimentados y de los ciudadanos civilizados no se traduce más que en un rechazo frontal a todo lo que es y representa el PP, deriva en un odio en los sectores más viscerales de esa izquierda, odio que puede acabar desembocando en lo que ayer sucedió, que un bigardo de 17 años ataque violentamente al presidente de su Gobierno.

Por supuesto, el desastroso comportamiento de Pedro Sánchez en el fallido debate del lunes no puede vincularse con lo sucedido ayer en Pontevedra. Pero sería muy de desear que los líderes políticos sean absolutamente conscientes de que su liderazgo no se limita a ocupar las primeras filas de los escaños en el Congreso y a mandar en sus respectivas formaciones. Son también un referente para los ciudadanos porque influyen decisivamente en el modo de entender la vida pública y de abordar las confrontaciones entre partidos. Por eso les es exigible un comportamiento impecable en las formas y por eso no tuvo un pase aquella actitud del secretario general del PSOE. Pero de ninguna manera se le puede responsabilizar, ni siquiera indirectamente, del puñetazo que dejó ayer magullado a Mariano Rajoy.

Otra cosa son las concentraciones de individuos airados contra las sedes de determinados partidos o, lo que es definitivamente inadmisible, ante las casas de determinados políticos. La extorsión, el acoso, el recurso a la violencia verbal, son salidas muy peligrosas que, esas sí, pueden derivar en lo que ayer presenciamos. De modo que ojo con sacar los caballos a galopar, que se corre el riesgo cierto de que algunos se desmanden y ya no haya manera de hacerlos regresar a la manada.

EL MUNDO – 17/12/15 – VICTORIA PREGO