Todo plan de reinserción de etarras debe pasar por su arrepentimiento sincero

EL MUNDO – 02/04/15 – EDITORIAL

SI el lehendakari Iñigo Urkullu ha leído 1984, la célebre novela de Orwell, recordará que el Estado totalitario imaginado por el autor inventa una neolengua para eliminar los significados prohibidos de las palabras y, con ello, evitar que los ciudadanos puedan siquiera pensar en cosas indeseables. Salvando todas las distancias, provoca enojo el empeño de muchos dirigentes nacionalistas como él de usar siempre un lenguaje ambiguo y deformante para soslayar a su gusto la realidad. El último ejemplo lo tenemos en la nueva iniciativa de reinserción de presos etarras presentada ayer por el lehendakari, instándoles a hacer «autocrítica» para «desatascar el inmovilismo» del proceso de paz. De entrada, cabe exigir a Urkullu que deje los juegos de palabras, porque lo que reclama la sociedad a los miembros de la banda terrorista es que se arrepientan sinceramente, pidan perdón y demuestren voluntad real de reinserción tras cumplir sus condenas.

El lehendakari quiere activar un plan piloto destinado a la resocialización de presos de ETA según el cual éstos podrían disfrutar de cobertura institucional para, por ejemplo, acceder a una vivienda o al mercado laboral, a cambio de que realicen una «reflexión autocrítica» del daño causado. Pero el despropósito es tal que la petición de autocrítica ni siquiera es una exigencia, sólo se trata de una sugerencia. Destinarles cualquier ayuda pública sin que se cumplan las premisas mencionadas sería un «insulto» a la ciudadanía y muy especialmente a las víctimas, como ayer lamentó la presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza.

Estamos ante un nuevo intento del Gobierno vasco de agitar con fines partidistas el debate sobre los presos. Urkullu declaró que no impulsará su plan hasta después de los comicios municipales y forales, para evitar «el ruido electoral». Pero el hecho de anunciar su puesta en marcha justo en vísperas de la campaña, y sólo un día después de que la Audiencia Nacional denegara la petición de traslado a cárceles vascas de 30 presos etarras, demuestra que es un globo sonda electoralista. Máxime porque las competencias en materia penitenciaria son exclusivas del Gobierno de España.

Urkullu pretende también ocultar el fracaso del plan de reinserción en el que está volcado desde el año pasado sin haber logrado sumar apoyos políticos. La sociedad española ha tenido en democracia una extraordinaria generosidad. Pero toda ayuda para la reinserción de etarras debe pasar por su arrepentimiento y colaboración con la Justicia. Y hasta ahora lo que se sigue produciendo en casi todas las excarcelaciones es la afrenta entre su entorno con gritos de «viva a ETA».