«Reflexió»

Manuel Martín Ferrand, ABC 23/11/12

Los legisladores diseñaron un país más propio para las hadas que para los vecinos, y ello, en Cataluña, alcanza dimensión de esperpento.

Según el consejo de Eugenio D’Ors, que era barcelonés, para bien enfocar la realidad y el problema catalanes conviene olvidar el rigor del pensamiento racional —racionalista— y entregarse a «una filosofía de batalla». Es decir, y como él mismo aclaraba, a «una metafísica de andar por casa». La esencia del catalanismo, más rural que académica, y, como ocurre con todas las religiones, mucho más emocional y sentimental que reflexiva y lógica, exige un análisis del «hecho diferencial» que, a partir de las elecciones autonómicas del domingo, compartirán y defenderán dos tercios de cuántos se sienten en el Parlament. Más aún, el partido ganador, CiU, multiplicará por tres los escaños del segundo partido en representación.

En función de nuestro pintoresco sistema normativo, hoy culmina la campaña electoral para que los ciudadanos puedan consagrar todo un día a reflexionar sobre el sentido de su voto. Los legisladores, animados por el espíritu benéfico de la Transición, diseñaron un país más propio para las hadas que para los vecinos y ello, en Cataluña, alcanza dimensión de esperpento. ¿Hay alguien que tenga algo que «reflexionar» para decidir el sentido de un voto que viene dado, legítimamente, por esa filosofía de batalla que apuntaba D’Ors? Artur Mas cortó por la mitad una legislatura en curso, instalado en el confort teórico de un Govern sin oposición relevante, para aprovechar el momento emocional de España —las fiebres pesimistas producidas por la infección del zapaterismo— y levantar una bandera independentista que, si siempre estuvo en el zurrón de CiU, nunca había sido su argumento único. Según Mariano Rajoy, le faltaron «agallas» para enfrentarse a la crisis que nos sacude y que en Cataluña convirtieron en especialmente grave los desmanes del tripartito de José Montilla; pero lo que le sobró es ambición para dejar de ser un hereu, provisional y a prueba, de Jordi Pujol y convertirse en el fundador de una Nación, con o sin Estado, bien diferenciada de España. Algo históricamente sin fundamento, económicamente suicida, pero concordante con un sentimiento que, con gran torpeza, estimuló José Luis Rodríguez Zapatero y no ha aliviado la gestión de Rajoy y las irresponsables filtraciones acusatorias con las que, por las apariencias, el Ministerio de Interior ha participado en la campaña.

La falta de un auténtico discurso político en los dos grandes partidos nacionales, la carencia de un gran proyecto nacional español más allá de tapar agujeros y penurias, contribuye notablemente al previsible éxito de CiU en las autonómicas catalanas. De hecho, salvo que se limite a conservar su actual situación en el Parlament, o a perder algún escaño, el 25-N será un gozne sobre el que gire la historia de Cataluña. Y la de España, claro.

Manuel Martín Ferrand, ABC 23/11/12