- Los casos del hermano y la mujer, el rescate de la comisión de Zapatero, el fiscal Ortiz, las maniobras de Leire… tienen un nexo común: Sánchez
El inglés Thomas de Quincey fue un ensayista y crítico literario decimonónico, que pese a su notoria y arriesgada afición al opio, que da título a su obra maestra, logró pervivir 74 abriles. Estaba dotado de una audaz ironía, que dejó patente en este conocido pasaje: «Si uno comienza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del Día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente».
Me he acordado de aquel bromazo de De Quincey ante la evolución del Caso Sánchez, que es ante lo que en verdad estamos. Si uno comienza plagiando su tesis, pronto no le da importancia a intentar trucar las primarias con una urna de tapadillo, del pucherazo se pasa a venderse a los separatistas para tomar el poder sin votos y se acaba en la corrupción más pringosa y la más cutre guerra sucia política.
Como los jueces y la Policía sigan a su velocidad de crucero actual, pronto llegará el día en que veremos a Pachi López, el Pericles del Bocho, o a la portavoz del Gobierno, haciendo una declaración de esta guisa: «Estamos en condiciones de celebrar que el presidente del Gobierno de la coalición progresista no ha atracado ningún banco con una escopeta de cañones recortados, ni ha descuartizado a nadie». Y es que a este ritmo, Sánchez, su gobierno y su PSOE van camino de dejar su huella en casi todas las páginas del Código Penal.
Ayer vimos una escena típica de partidos que al final acaban desapareciendo: la Policía registrando las sedes del PSOE. También pudimos observar la respuesta orwelliana del presidente del Gobierno, instalado ya en una pura e insultante negación de la realidad. Los agentes estuvieron doce horas en Ferraz y se llevaron varias cajas de documentación. Pero según Sánchez no fue un registro, sino «un requerimiento».
Obligado a hacer declaraciones en su comparecencia tras ser recibido por el Papa (fumándose de paso una sesión de control que coincidió con los registros), Sánchez se pitorreó a conciencia de los españoles. Aseguró que si adelantase las elecciones el PSOE aumentaría sus diputados –un delirio que contradice sus cuatro sopapos autonómicos consecutivos–, pero explicó que no lo hace porque la delicada coyuntura internacional requiere estabilidad. La que aportan un gobierno y un PSOE en llamas por la corrupción.
Ayer no fue un día cualquiera en el volcán de lava sanchista. 1.- Registro de sedes del PSOE y de la Fundación Pablo Iglesias. 2.- La insólita y tremenda situación de la Guardia Civil irrumpiendo en la Dirección General del cuerpo en busca de pruebas de la coacción a sus agentes para defender al aparato sanchista. 3.- Orden del juez de que se investigue cómo se financió la campaña de 2024 del sibilino Illa. 4.- Lo más grueso, el PSOE organizó por orden superior una operación de descrédito de los jueces y las fuerzas de seguridad que investigaban a la mujer y el hermano del presidente del Gobierno.
La sospecha resulta evidente: todos los caminos llevan a aquel al que Cerdán y Leire denominaban El One cuando trabajaban en las cloacas para desacreditar a la UCO, a los fiscales y a los jueces problemáticos.
Preguntas fáciles: ¿Podría haber logrado Begoña Gómez, una persona sin título universitario, su cátedra extraordinaria en la Complutense de no estar casado con El One? ¿Enchufaría la Diputación de Badajoz, gobernada por el PSOE, a David Sánchez y le permitiría no acudir a trabajar de no ser el hermano de El One? ¿Permitiría Hacienda que David viva escondido en Madrid mientras tributa en Portugal de no ser el hermanísimo de El One? ¿Se lanzó García Ortiz motu proprio a la guerra sucia contra una enemiga política de Sánchez sin una instrucción al respecto del propio One? ¿Habría sido posible el trinque comisionista de Zapatero en Plus Ultra si El One no hubiese rubricado ese turbio e inexplicable rescate? ¿Se le ocurrió de manera espontánea al PSOE lanzar su campaña en las cloacas contra la UCO y la Justicia, que comenzó precisamente cuando Sánchez se retiró cabreado cinco días por el caso contra su mujer, o medió alguna indicación de El One?
Las respuestas son clarísimas. Por eso supone un insulto a la higiene pública que el nexo corruptor común a todos los casos siga todavía ahí (y sin haber ganado las elecciones y al frente de un Gobierno de cartón piedra y paralizado por una cascada de escándalos). El gobernante que asaltó el poder con 85 escaños pelados en nombre de la regeneración protagoniza impávido la mayor acumulación de cochambre de la historia reciente de las democracias europeas. Hasta en Haití habría dimitido.