Editorial-El Correo
- La irrupción de la UCO en Ferraz y el ‘caso Zapatero’ agudizan el descrédito del mandato socialista, pero ni Sánchez ni sus socios ni el PP dan el paso de ponerle fin
La ampliación de las investigaciones que afectan al PSOE y al Gobierno ha colocado la legislatura en una situación límite, sumida en un estado de ‘shock’. Será difícil que el mandato recupere algo de la estabilidad ansiada por Pedro Sánchez en un contexto de sobresalto permanente como el actual, entre muestras de conmoción y de parálisis en la gestión. El colapso se agrava por las últimas actuaciones: la entrada de la UCO en Ferraz en el marco de la supuesta financiación ilegal de las ‘cloacas’, vinculada al caso de la ‘fontanera’, y las nuevas imputaciones de altos cargos por presuntamente participar en una trama para desacreditar los procesos judiciales incómodos para el partido y el propio Sánchez. El cerco cuestiona la apuesta socialista por la regeneración y debilita la resistencia de los aliados del presidente. La sucesión de escándalos ha abierto grietas de confianza en el bloque de investidura por las que afloran dudas cada vez más compartidas por agentes políticos y sociales.
Frente a los recelos a seguir adelante expresados por el PNV, Coalición Canaria, Podemos, UGT o Emiliano García-Page, Sánchez insistió ayer desde Roma en descartar cualquier adelanto electoral y destacó el impulso a su «agenda de transformación». Pero enfrentarse a las guerras y las crisis internacionales en las que justifica la continuidad de la legislatura con un partido judicializado no parece la mejor estrategia para evitar el deterioro institucional y liderar el país. El fuego se extiende bajo sus pies, sin equipo de extinción posible para atajar la catástrofe. El incendio ya no solo achicharra al triángulo Koldo, Ábalos y Cerdán. Con la irrupción de la UCO en Ferraz y las imputaciones de la gerente nacional del PSOE (Ana María Fuentes Pacheco) y del ‘ex número dos’ (Santos Cerdán), el cortafuegos se ve desbordado y obliga a preguntarse si es sostenible un Gobierno gestionado por un partido bajo sospecha de financiación irregular para cometer espionajes y desestabilizar el sistema.
La agonía que denuncia Núñez Feijóo le llevó a exigir de nuevo elecciones anticipadas, aunque descargó esa responsabilidad en los socios de Sánchez. Pese al cúmulo de escándalos, ninguno de los actores con capacidad para cambiar el guion se atreve a dar el paso de intentar poner fin al ciclo. Ni el presidente, enrocado en no adelantar las urnas y cada vez más atado al sombrío futuro judicial de Zapatero, a quien renovó ayer su «total apoyo». Ni sus aliados, incapaces del desmarque definitivo. Ni el PP, que evita la moción de censura por temor a perderla.