Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • La UCO entra en Ferraz mientras Pedro Sánchez se entrevista con el Papa

El miércoles comenzó con la UCO entrando en Ferraz y la fórmula «financiación ilegal» saltando en los móviles. Era la línea roja de los socios del Gobierno, pero Gabriel Rufián irrumpió rápido en la pista ética como un juez de lanzamiento de martillo de la federación turcómana. Con una patadita, movió la línea roja. ¿Financiación ilegal? A partir de ahora, sentencia firme por financiación ilegal. Por suerte, pronto supimos que la UCO no estaba en Ferraz por la financiación ilegal del PSOE, sino por la financiación ilegal de una trama creada en el corazón del PSOE para desactivar investigaciones judiciales en las altas esferas del PSOE y también del Gobierno del PSOE. Menos mal. ¿Ven cómo no había que preocuparse? La imputación de la gerente del PSOE terminó de tranquilizar al país. La sensación de corrupción total era infundada. Y podíamos volver a centrarnos en lo de la víspera: la posibilidad de que el expresidente Zapatero haya estado influyendo en el Gobierno para rescatar empresas inquietantes mientras hacía negocios con siniestras dictaduras.

A media mañana, Pedro Sánchez apareció en Roma. Venía de verse con el Papa. Habían hablado de la guerra, el hambre en el mundo y el futuro de la humanidad. Puede que el encuentro terminase con una bendición. Y con la sorpresa de León XIV por no impartirla él. De un modo que solo puede explicarse en términos de conspiración y fachosfera, la prensa no le preguntó al presidente por la posibilidad de que el Papa sea ahora mismo la otra gran autoridad moral del planeta, sino por lo de la UCO, por Zapatero y por si piensa adelantar las elecciones. Sánchez garantizó la máxima colaboración con la Justicia en la investigación sobre su partido intentando dinamitar la Justicia. Y máxima confianza en Zapatero, porque una vez leídos los 800 folios del sumario no hay en ellos nada importante. Por otro lado, adelantar elecciones es imposible, aunque lo hiciese él mismo hace tres años. El adelanto incurriría en el interés partidista. Y, según los más altos estándares democráticos, el interés partidista sirve para negociar legislaturas con prófugos a cambio de amnistías, pero no para adelantar elecciones. ¿Estamos locos? Además, el país necesita estabilidad. Para seguir consiguiendo hitos. Lo que no necesita el país son mayorías parlamentarias y Presupuestos. La personalidad del presidente ofreció ayer un nuevo registro, entre la disociación, el sarcasmo y el teflón. Sus palabras confirmaron en cambio una ruta conocida: la única salida es hundirse más a fondo.

Rusia

Caníbales en libertad

Hace unos días conocimos el dato: la población de presos en Rusia se ha reducido un 40% en cinco años. La cifra no se explica por el éxito de unas políticas de reinserción avanzadísimas, sino por la necesidad gubernamental de un material antiguo como el mundo: carne de cañón. Tras la invasión de Ucrania en 2022, el Kremlin no tardó en detectar que le faltaban soldados dispuestos a todo, o sea, listos para incorporarse a la nada. Y no tardó en ir a buscarlos a las cárceles, ofreciendo a los presos contratos que incluyen -además de la posibilidad de disfrutar del aire libre, acceso a armas de fuego y el desafío profesional de aniquilar semejantes- la reducción de penas. Como a los presos puede suponérseles la ferocidad, en el Kremlin no le debieron de ver al plan ningún problema. Hasta que saltó la alarma porque, tras una temporada en el frente, había que darles unos días de permiso en casa -pongamos por caso- al ‘caníbal de Volgogrado’ y al ‘maníaco de Tulunski’. Ambos existen, luchan en Ucrania y completan biografías que acreditan, literalmente, sus apodos. Me gusta pensar en ese jerarca que recibe la llamada de Putin e improvisa: «¡No podíamos imaginar que ‘el caníbal’ causaría problemas!». Los problemas incluso pueden llegar a tener que ver con la fuga. El ‘asesino de Sosnovsky’ terminó en un hospital militar y ahora no se sabe dónde está. Ponte a buscarlo por Rusia. Es un violador y asesino en serie condenado a cadena perpetua. La identificación de los invasores de Ucrania con los héroes de 1945 es una constante en la propaganda del Kremlin.