Tonia Etxarri-El Correo

Si cada día tiene su afán, a Pedro Sánchez no le cabe ya ni un movimiento policial y judicial más que le vaya a trastocar su agenda. ¿O sí? El caso es que ayer el juez Pedraz ordenó a la UCO entrar en la sede socialista de Ferraz, en los domicilios de Santos Cerdán, del histórico andaluz Gaspar Zarrías y del empresario Pérez Dolset buscando información de pagos a Leire Díez.

Acabaron imputados los dos dirigentes socialistas del pasado y la gerente del presente, Ana María Fuentes. El juez investiga facturas falsas que el PSOE presuntamente pagó (más de 188.000 euros) a quienes maniobraron, desde las cloacas, para desacreditar investigaciones que podían afectar al partido, intentado interferir en el funcionamiento del Estado de derecho. Ni la Dirección de la Guardia Civil se libró de un registro de sus propios compañeros.

Unos movimientos que imprimían a la jornada un tono de serie negra que, por unas horas, desplazó los focos de las acusaciones contra Zapatero, imputado en el sumario del ‘caso Plus Ultra’.

La oposición, en el Congreso, denunciaba el clima irrespirable con tanto hedor de corrupción pero el presidente del Gobierno, después de su audiencia con el papa León XIV en el Vaticano, optó por taparse la nariz para comparecer ante la prensa y decir que no pasa nada. No había ocurrido nada sustancial que le obligara a pensar en una dimisión o un adelanto electoral. Esa fue su ‘performance’ en el Vaticano.

Le habría gustado marcarse un sermón sobre la lucha contra la pobreza, extenderse mucho más sobre lo bien que lo está haciendo su Gobierno con la regulación de la inmigración o el hambre y las guerras. Pero no controlaba la agenda y tuvo que pronunciarse sobre los procesos judiciales que le acorralan (ya son 11, recordaba Feijóo, dos más de los registrados hace cuatro días cuando Aitor Esteban escenificó su enfado) para decir que él sigue. Con su manual personal: colaboración con la justicia, respeto a la presunción de inocencia y apoyo al presidente Zapatero. ¿Con todo lo que se sabe del comisionista en Venezuela y Pekín? Con todo y más allá. Hay mucha rumorología, mucho bulo, mucha ‘fake news’… Tal cual. Impasible el ademán.

Ayer el PSOE acababa de recibir un golpe letal propinado por la justicia pero Pedro Sánchez, secretario general del partido, no se sentía concernido. Decía que él sigue porque sabe que sus socios, con matices, no abandonan el barco. Prefieren apoyar a un Gobierno sospechoso de corrupción que a uno de derechas. Por eso se pudo permitir decir a quienes, como García-Page y Felipe González, le están pidiendo elecciones que cómo va a convocarnos a las urnas por interés partidista. ¡Se paralizaría el país! El sarcasmo, como vía de escape en un día de tanta presión, era una opción pero sonaba a tomadura de pelo.

Recurrir a la derecha ya no funciona. Claro que la derecha tuvo también sus episodios de corrupción. Y pagó por ello en su día. Ante la Justicia y en las urnas. Es el turno de quienes han estado y están en el poder. El presidente se va aislando en su búnker. Lleva meses sin convocar la reunión de los maitines de los lunes. Será que ya no se fía de nadie. Pero no pasa nada.