Miquel Escudero-El Correo
- Es cierto que fue decisivo para librar al mundo de la pesadilla nazi, pero de ningún modo Estados Unidos es el Imperio del Bien, como a menudo se ha insistido
Hace dos siglos, el quinto presidente de Estados Unidos James Monroe estableció el lema ‘América para los americanos’. Con él no solo se apropió del nombre de América, reservado desde entonces a Estados Unidos (la América británica desplazó a la hispana, recién desmembrada, y unos veinte años después, los hispanoamericanos pasaron a conocerse como latinoamericanos), sino que justificó su doctrina de imperialismo ‘protector’ contra los países europeos. El presidente Theodore Roosevelt le puso corolario en 1904, justificando intervenir en Hispanoamérica si había inestabilidad política o incumplimiento de sus convenios económicos.
Entre 1903 y 1934, Estados Unidos envió a sus tropas fuera de sus fronteras-si no me equivoco- siete veces a Honduras, tres a Nicaragua y una a Guatemala; cuatro a la República Dominicana y dos a Haití; seis a Panamá (que se separó de Colombia en 1903, estimulada por Estados Unidos, que se hizo de inmediato con el control de las obras del Canal de Panamá); cuatro veces intervinieron en Cuba y tres en México. A esto se llama enseñorearse.
Es cierto que fue decisivo para librar al mundo de la pesadilla nazi, pero de ningún modo Estados Unidos es el Imperio del Bien, como a menudo se ha insistido. Tampoco el Imperio del Mal, como no pocos repiten con obsesiva fijación. Su ataque a Irán nos está saliendo muy caro; es posible que incluso haga más difícil a los iraníes la recuperación de sus libertades. ¿Quién puede olvidar que la República Islámica de Irán es un Estado totalitario dirigido por ayatolás y criminales que financian y acogen a grupos sanguinarios, como Hezbolá y Hamás?