José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • El PP refuerza su equipo electoral, luego de su victoria en la batalla del quita-quita. Obsesión por las urnas

Núñez Feijóo es desconfiado, receloso, cauto, poco expansivo, hermético, piensa mal y acertarás, más lechuza que loro, se mosquea a la mínima y coincide con Gracián en que la máxima virtud de un líder es conocer a sus hombres. Por eso sigue con el mismo equipo desde que llegó de Galicia. Los fijos, los fiables, su gente. El ‘riñón de confianza’ dicen los argentinos. El jovial Miguel Tellado al frente del grupo parlamentario. Las insustituibles y eficaces Marta y Mar (Valera y Sánchez) jefe de Gabinete y jefa de imagen, respectivamente. El todoterreno Luis de la Matta, director de Comunicación. Todos ellos aterrizaron con su jefe en Madrid con la idea de pasar un ratito en Génova para instalarse en la Moncloa. No salió bien lo del 23-J, Sánchez les ganó por la mano y al grupo celta se le quedó cara de bobo y gesto de ‘pasmao’.

Pero ahí siguen. Ni siquiera tras aquel trastazo se han producido cambios de importancia en esa ‘mesa pequeña de las decisiones grandes”. Permanecen los mismos, con las idénticas funciones, responsabilidades, niveles de influencia, ámbito de decisiones, esquema de organización. Decía Borges que ‘el único elemento que goza de la confianza plena de sus jefes es el degollador”. Esta gente se afana en tal especialidad pero, si es menester, fulmina a quien corresponda. Ellas son más austeras de verbo. Ellos, más parlanchines, sin incurrir en la indiscreción, salvo un par de pifias, alguna de ellas de las que escuecen. “No te será posible decir tal vez lo que piensas, pero tendrás la fortuna de permanecer en silencio”, aconsejaba Cicerón. Así hacen.

Se manejan con tacto, no pisan el acelerador más que lo justo y coinciden en que todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Quizás por eso tienen fama de lentos, quizás de escasamente eficaces, pero siempre  es mejor no acertar que errar. “En eso son muy de provincias”, suele comentar un veterano del partido, superviviente en mil batallas.

La llegada de Diego Rubio al Ala Oeste, de profesión su visión proespectiva y hasta cuántica, lo arrinconó en el cuarto de las escobas.  De modo que cogió el portante y se ha sumado al área de escrutadores de estrategias del PP, en el área que dirige Elías Bendodo, a quien MJ Montero da alegremente por finiquitado cada miércoles.

En este estanque tranquilo no ha dejado de producir un cierto ruido el fichaje de Aleix San Martín, experto en marketing político, consultor de moda, vencedor en mil batallas, asesor de decenas de políticos tanto del PSOE como del PP, quien acaba de aterrizar en la planta noble de Génova para liderar su estrategia electoral.  “Es el tipo que más sabe de campañas”, te comentan quienes aplauden la incorporación. Dio la campanada con Juanma Moreno en el inexpugnable fortín socialista de Andalucía, también pasó por Murcia con López Miras, que ahora gobierna la región, pero su mayor relevancia profesional ha estado en el bando de enfrente, con Ximo Puig, Fernández VaraMiguel Ángel Moratinos (de profesión sus negocios), Rodríguez Zapatero (el visir de Maduro y pregonero de Pekín) y Salvador Illa (las mata callando). Ha circulado también con acierto por diversas plazas iberoamericanas y oficiaba ahora en Moncloa donde, entre tanto experto, asesor, consejero y cuñado, apenas había logrado hacerse un huequito al sol. La llegada de Diego Rubio al Ala Oeste, una profesional consumado en la analítica prospectiva y «el uso de la evidencia empírica y el conocimiento científico en el proceso de toma de decisiones» (sic), lo arrinconó en el cuarto de las escobas.  De modo que cogió el portante y se ha sumado al área de escrutadores de estrategias del PP, el área que dirige Elías Bendodo, a quien MJ Montero da alegremente por finiquitado cada miércoles.

Quizás Feijóo no esté tan necesitado de refuerzos como de ingenio, de personas como de ideas, de acertijos como de propuestas. Mecido por la tranquilidad que le transmiten los plácidos sondeos, siempre en cabeza, siempre con la posibilidad de formar gobierno a pachas con Vox, el líder de la derecha se ha despojado de ese aire de perdedor con el que se paseaba indolente tras el trastazo del 23J. Ha recuperado lentamente la confianza y trata ahora de asegurarse sendas victorias sin contratiempos en las dos próximas citas con las urnas, Castilla la Vieja y Andalucía, en primavera del año próximo. La primera no ofrece dudas y la segunda no tiene visos de deparar grandes sorpresas. Le resultará muy difícil a la vice-uno y ministra de Hacienda vender su mercancía de “todo el dinero de los andaluces para los secesionistas catalanes”. Ella lo sabe y tiembla. Nunca se la vio tan nerviosa, jamás tan crispada dentro de esa sobreabundancia gestual que imprime a su presencia.

Esa fotografía de los catorce dirigentes autonómicos del PP en las portadas de los medios resultó tan eficaz como poderosa. Casi parecía un espejismo. la derecha unida, los caciquillos periféricos todos a una, sin envidias ni navajeos. Era la estampa de una España que podría ser y no es

Hasta una gallina ciega encuentra a veces un grano de maiz, y eso acaba de ocurrirle al PP, precisamente con el pulso de la quita de la deuda, en el negociado de vice Montero, una juguarreta tóxica que había ideado Sánchez para camuflar el nuevo pago a los chantajistas catalanes. “Les ofrecemos perdonar 80.000 millones de euros y el PP dice que no quiere, jua, jua, jua”, se carcajeaba el gran narciso del progreso. Cierto que el tema de la mal llamada ‘condonación’ de la deuda está lleno de peligros. En forma inconcebible, Feijóo los ha evitado. Incluso podría decirse que ha salido victorioso del trance. Al menos de momento. La imagen de cohesión, fortaleza y unidad que ofrecieron sus catorce barones al levantarse de la mesa-trampa (Consejo de Política Fiscal y Financiera lo llaman) que les tenía preparada la vice-uno fue un gesto que a muchos sorprendió porque estas cosas suelen salirle muy mal a la derecha. Sánchez sembró cizaña al objeto de alentar la división entre regiones del mismo color, los navajazos entre los cofrades y le salió mal la apuesta. Esa fotografía de los catorce dirigentes autonómicos del PP en las portadas de los medios resultó tan eficaz como poderosa. Casi parecía un espejismo. la derecha unida, los caciquillos periféricos todos a una, sin envidias ni navajeos. Era la imagen de una España que podría ser y no es.

Ojo, se trata de una victoria parcial puesto que el trámite acaba de arrancar, rumbo a la aprobación de la ley orgánica y luego se verá qué hace cada baroncillo en su rinconcillo cuando se le ofrezca, ya a título individual, subirse al carro del perdón de la deuda. ¿Quiénes responderán son un sí al juego del ‘quita, quita’?  Para Génova lo importante es que se ha ganado este asalto, el envés de aquella otra jugarreta de Sánchez cuando, semanas atrás, convocó a los presidentes regionales, uno a uno a Moncloa, y la negativa de Ayuso alentó vientos de división en sus filas. Tenía razón la lideresa madrileña. Aquella ronda de visitas al presidente fue una cadena de humillaciones.

Este San Martín ha sido recibido ahora como una especie de Messi por buena parte de la cúpula de los populares. Otros lo ven, sencillamente, como un parche innecesario, un publicista mercenario. Ya se sabe, las envidias que circulan siempre con alegre velocidad por los pasillos de la derecha. En cualquier caso, desde Moncloa han respondido, como informaba El debate, subiéndole el cargo y el sueldo a Tezanos, esa engañifa de la demoscopia, el gran embaucador de las encuestas. San Martín contra Tezanos. Un pulso que se antoja desigual. El nuevo ‘cabeza de huevo’ de Génova tiene una baza a favor y otra en contra. A favor, el acoplamiento suicida de Vox con Trump, que pasará factura. En contra, el empeño de Mazón en no soltar la poltrona valenciana, algo más dañino que desayunar cereales. En cualquier caso, el PP ya tiene su goleador. Ahora se trata de comprobar, primero, si mete goles y segundo, si su presidente es más Laporta Florentino.