Editorial-El Correo
La imagen de la ejecución de Alex Pretti por un miembro del servicio de Inmigración y Aduanas el sábado en Mineápolis ha dado la vuelta al mundo. Poco más de dos semanas después de la muerte a tiros de la también ciudadana estadounidense Renee Wood, el terror que los 3.000 efectivos de la agencia federal siembran en Mineápolis, con utilización de menores para atrapar a padres indocumentados, enfrenta a Donald Trump con el verdadero rostro de su cacería contra los extranjeros. La indignación de alcance nacional indica al presidente que está perdiendo la batalla del relato. Y Trump se arruga, quiere distanciarse de actuaciones que a la violencia injustificable suman el encubrimiento de los autores y la falsedad en las investigaciones. El envío a Minnesota de Tom Homan, al que se atribuye el cierre total de la frontera con México, revela un susto mayúsculo a diez meses de las legislativas de medio mandato. Al republicano le urge reconducir una coyuntura desfavorable, aunque no abandonará el objetivo político último de su acoso a las grandes ciudades demócratas. Que la Administración reclame los registros de votantes acapara ya el interés de algunos jueces.