Eduardo Uriarte-Editores

A los recalcitrantes del franquismo les salió mal, a Hitler también, pero eso no quiere decir que al doctor del manual de resistencia le vaya a salir mal teniendo en cuenta la enorme desafección por la política que los escándalos han generado, convirtiendo a nuestra sociedad, en su acepción clásica, en idiota.

Primero lanza una liebre mandando a Rufián -nada menos que a un independentista catalán, uno vasco tendría un barniz menos pequeñoburgués y más izquierdista- al proceloso mar de las extremas izquierdas con el fin de provocar mayor crisis en su disperso mundo. Porque, el auténtico representante de la extrema izquierda ideológica, sentimental y antiespañola, es el propio presidente resistente (¡quién más osadamente inconstitucional que él¡), siendo él el sujeto que espera rebañar los posos electorales de esa decaída y desunida izquierda.

Eso en lo referido al flanco izquierdo. En el derecho sólo tiene que aventar el miedo a un emergente Vox hasta convertirlo en el auténtico desactivador de la alternancia atacando por la espalda al PP, al centro derecha hoy hegemónico en la derecha. Sánchez y Abascal coinciden en el populismo, coinciden en su vocación autocrática, también, ambos, en la empatía entre líderes populistas, sean de un lado o del otro. La mano derecha de Sánchez es Vox. El Vox caudillista de hoy en día, interesado en que el puto amo persista en la Moncloa hasta el momento de convertirse Abascal en el líder de toda la derecha.

La llamada extrema derecha, el coco que viene, según Sánchez, quiere que se mantenga en la Moncloa, pues las uvas aún no están maduras. Por Vox tendremos que padecerle, salvo proceda una reacción en su seno capaz de virar ese comportamiento sectario. Pero hay que reconocer la dificultad de ese viraje, porque entre el populismo de derechas existe esa empatía con el populista de izquierdas, antes mencionada, sustentada en el hecho ideológico de que ambos odian el liberalismo y comparten la antipatía por la Corona.

Y como doctrina en la estrategia aparecerá una serie de mensajes encaminados a erosionar el sistema del 78 y su Constitución. No es casualidad que a las pocas horas de emitirse en abierto por TVE la versión dramatizada del 23F, nos salga el presidente con la desclasificación de los documentos sobre ese acontecimiento. Maniobra de comunicación para encubrir los últimos escándalos por los que nadie del Gobierno dimite. Pero héteme aquí, que los textos desclasificados, la desesperación del bunker no suele atinar siempre, no perjudica al sistema del 78, ni a la derecha democrática, y recuerda que el golpe faccioso fue precisamente dirigido contra un gobierno presidido por ella. Podría desclasificar el cambio de postura en el contencioso del antiguo Sahara español, del espionaje mediante Pegasus por el reino de Marruecos, que no lo hace, o la ilegal visita de Delci a Barajas cargada de maletas, o las negociaciones con Puigdemont, o la situación de las 378 víctimas de ETA. Poco le va a suponer tal desclasificación del 23F para conocer algo más sobre el golpe de estado, pero sí que va servir como traca inaugural de una ofensiva mediática frontal, pues acabarán buscando cualquier problema atribuible a la derecha para mayores andanadas mediáticas contra los hechos e instituciones en que se basa nuestra democracia. Cosa en la que coinciden los dos flancos de la estrategia diseñada desde el bunker.

El supeditarse a la actual estrategia del Ejecutivo por parte de Vox, sin ápice de reflexión sobre el papel poco patriótico que está jugando en el mantenimiento del Gobierno más corrupto que haya conocido el país desde la Transición, debiera descalificarle políticamente. Porque es evidente que una repetición de elecciones autonómicas por desacuerdo de Vox, pues tal posición se manifiesta tras el rechazo apostado de falsa indignación por Abascal ante el decálogo del PP, desacredita a la actual derecha como alternativa de cambio (si yo no puedo llegar a la Moncloa tu tampoco). Una mera preocupación por el futuro de la nación, hoy en crisis, exigiría entender que lo prioritario es echar a Sánchez. Mientras peor soló es mejor para los irresponsables oportunistas, pero la sociedad lo paga.