Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Una semana después del cierre preventivo por Vox, radicales endógenos desalojan el campus de Álava

Ayer en el campus de Álava de la UPV/EHU se lanzaron de un modo coordinado botes de humo para que los estudiantes abandonasen los edificios y se encontrasen en el exterior con el inevitable reparto de pasquines y consignas, estas últimas amplificadas con megáfonos. Los alumnos se quedaron durante más de una hora sin clase por motivos antifascistas: el recordatorio inamistoso de la huelga de hoy con motivo del aniversario del 3 de marzo, al parecer. Lo sucedido mezcló la revolución y la conducción de ganado, disciplinas en absoluto incompatibles. Y requirió la intervención de los bomberos y la Ertzaintza porque los adultos se preocupan cuando empieza a salir humo de una universidad llena de gente.

El Rectorado rechazó lo sucedido y también lo condenó. El rector Bengoetxea incluso lo definió: «incompatible con la universidad». Sin embargo, lo de ayer es más bien una tolerada costumbre. Botes de humo incluidos. Cuando hace una semana el rector cerró el campus de Álava para hacerle un cordón sanitario a Vox, que había anunciado un triste acto en las inmediaciones, un grupo de profesores le recordó que lo realmente urgente es que se ocupe de los grupúsculos endógenos, extremistas, abertzales, violentos, comunistas, todo a la vez y en todas partes, que llenan las instalaciones de pintadas, lanzan botes de humo e interrumpen las clases. Los profesores lo resumieron pedagógicos en una tribuna publicada en este periódico: «Si es cierto que el Rectorado está preocupado por el totalitarismo, no tiene más que mirar dentro de casa y adoptar medidas efectivas para que no prolifere». Como si fuese necesario, la necesidad quedó resaltada ayer con humo de colores turbios. Hasta la próxima ocasión, que no tardará mientras se siga aceptando, a veces por cobardía y a veces por conveniencia, la entrega del espacio público a los violentos. Eso genera fenómenos curiosos, como que el nuevo rector de la UPV/EHU la firmeza ética la tenga medio hipermétrope y la exhiba antes en el aniversario de Hiroshima que en la facultad de Farmacia de Vitoria. O que en el País Vasco, para diferenciar el fútbol de la educación superior, solo debas recordar que es en el fútbol donde está prohibido entrar con botes de humo y bengalas.

Zapatero

Mirada azul

El PP llevó a Zapatero de urgencia a la comisión del ‘caso Koldo’ en el Senado anticipando que iban a fulminarlo enfrentándole a los más terribles escándalos. Zapatero llegó al Senado adelantando que les iba a dar tal paliza a los del PP que iba a revolucionar la legislatura. Por supuesto, nada de eso sucedió. Pero ni por asomo. Entre otros defectos, la clase política española tiene una idea distorsionada de su propia capacidad. La peligrosidad la tienen en los despachos y los reservados. Nunca en las tribunas. Ayer el PP se limitó a intentar sepultar al expresidente bajo una avalancha de titulares de muy diverso fuste. Y Zapatero se limitó a negarlo todo, dejándose abierto el flanco inquietante de la consultoría y demostrando todo lo que su talante tiene de presunción. Dio hasta cosa verle jactándose de ser el gran activo electoral que salvó el progresismo el 23-J. Hombre, no sé. El expresidente cerró su comparecencia optando por la intensidad. «¿Pero saben qué les digo?», declamó clavando su legendaria mirada azul en Martínez Maíllo. «Que ganaré», remató. «¿El qué?», me pregunté yo al instante, sin tener la menor idea, pero en serio, de si se refería a las elecciones, a su paso a la historia o a algún juicio que pueda tener por ahí.