Félix Madero-Vozpópuli

  • La manera descontrolada y brutal con que actúa el amo del mundo y su lametón judío nos embrutece

No recuerdo haber estado de acuerdo con Pedro Sánchez en algo. Al menos en esta legislatura. Me sucede lo siguiente: cuando afirma yo niego, cuando niega yo afirmo, cuando señala al norte yo miro al sur. Ya, ya sé que lo que escribo no dice mucho de quien busca la razón de las cosas e intenta gastar una mirada moderada a la actualidad. Pero es así. Y, sin embargo, su postura en la guerra contra Irán me parece la correcta -o la menos mala- sin necesidad de llegar al baboseo de Susan Sarandon cuando asegura que Sánchez está en el lado correcto de la historia. Y más aún cuando destaca su lucidez moral. Lucidez y moral son palabras solemnes, y más tratándose de un tipo tan oscuro. Pobrecilla, cómo se nota que no vive aquí y habla de oídas. ¿Lucidez moral Sánchez? ¿Lo dice Thelma Louise?

Son tantas sus mentiras e incumplimientos, tantos los momentos de impostura junto a gestos de soberbia, chulería y desprecio de la media España que nunca le votará, que empiezo a tener dificultades para sostener fija la mirada en la televisión cada vez que sale. Me sucedió con Aznar cada vez que hacía de monaguillo con George W. Bush, sobre todo cuando decidieron que Irak tenía armas de destrucción masiva que jamás aparecieron. ¿Verdad que lo recuerdan? Aquella foto de las Azores junto a Tony Blair y Durao Barroso. “Presiente, siempre tendrás un bigote detrás de ti”, cuentan que le dijo al amo del mundo de entonces. Pero aquel presidente es ya otro, peor todavía, aunque del mismo país. Y Aznar ya no luce bigote.

Y Sánchez se puso la pajarita

Pero vuelvo a la actualidad. A Pedro Sánchez que, después de poner un mensaje en el antiguo Twitter, se calzó un esmoquin oscuro, camisa blanca y pajarita negra y se fue a la gala de los Goya que, en consonancia con el tempo del cine español, centró sus denuncias por ¡lo de Gaza!, y muy poco por lo que estaba sucediendo es ese momento, la destrucción de los autócratas iraníes. Escribió el presidente en contra de la acción de Estados Unidos e Israel, y para que su mano izquierda no supiera lo que hacía la derecha, hizo en el mismo tuit un punto y aparte para rechazar la represión del régimen iraní.

Aunque algunos iraníes residentes en España califiquen de ambiguo a Sánchez, yo creo, y me sorprendo a mí mismo, que tiene razón cuando asegura que se puede estar en contra del odioso régimen genocida de los ayatolas y en contra también de una decisión militar cuyas consecuencias serán globales. En España tenemos bases a las órdenes de Trump, lo que resulta inquietante, por decir algo, vaya.

Que Donald Trump, Netanyahu y todos aquellos que los apoyan crean que, a los que matan y mueren son culpables, no debería equivocar a aquellos que pensamos que no se puede ir por el mundo quitando presidentes, asesinando líderes por muy indeseables que sean, y Alí Jamenei lo era. Trump miente tanto o más como Netanyahu, pero los dos saben que acabar con el ayatolá no es lo mismo que acabar con el régimen que masacra a un país con cerca de cien millones de personas. Y saben, además, que para acabar con los ayatolás los aviones y los drones son insuficientes. Y saben, o deberían, que el riesgo de una guerra civil es alto, y el de una escalada en la región como estamos viendo ya, superior. Y saben, aunque no hayan leído el libro El Sha, de Ryszard Kapuscinki, que el apellido Pahlavi está tan manchado de sangre y violencia como el de los ayatolás. Sucede, me dice un amigo, que al Sha no le olía el sobaco cuando lo veíamos en el Hola retratado con Farah Diba. Pero su policía secreta Savak, entrenada con apoyo de la CIA y el Mossad, torturó y asesinó con la misma devoción que desde que lo hizo Jomeini.

No todos los muertos son iguales

La manera descontrolada y brutal con que actúa el amo del mundo y su lametón judío nos embrutece, sobre todo si no reparamos en el desaguisado que está armando en todo el mundo. Las guerras ya no son sobre el terreno, cuerpo a cuerpo. Ahora, los soldados no tienen que esperar en trincheras y carros de combate a sus enemigos. Drones y misiles ayudados por la Inteligencia Artificial hacen su trabajo a miles de kilómetros, donde se encuentran los que toman decisiones y nunca mueren. Ya no vemos el sufrimiento humano. Tampoco sangre, llanto, sudor y lágrimas, que fue lo que Churchill prometió a sus compatriotas si entraban en la II Guerra Mundial. Sí, otros tiempos, otros hombres, otros políticos.

Esto pensaba cuando veía cómo varios periódicos españoles abrían sus ediciones el domingo por la tarde con grandes titulares en los que se leía: “Tres soldados estadounidenses mueren y cinco más resultan heridos en la operación contra Irán”.

Enseguida pensé en los niños y niñas que murieron tras la explosión de un misil al impactar con la escuela en a que estaban recibiendo clase el pasado sábado. He intentado saber cuántos murieron, pero los teletipos hablan de forma imprecisa de varias docenas de niños y otras tantas de adultos que trabajaban en la escuela, así hasta llegar a más de 200. Tres americanos frente a los más de dos centenares de iraníes, seguramente tan inocentes, o no, como los soldados de Trump que recibieron órdenes para atacar.  Que el régimen iraní sea lo peor, lo más cruel y sanguinario, no debería hacernos olvidar que la guerra de Trump y Netanyahu se lleva por delante a inocentes e indefensos. No es de extrañar que Trump la llame Operación Furia Épica y Netanyahu El Rugido del león. Menudo gusto.

Trump no tiene límites

Con esta guerra no puede estar Europa. Sin respeto a las leyes, al derecho internacional y a Naciones Unidas, no. Por lo demás, si los medios españoles, y no solo, dan más relevancia a la muerte de un soldado de Illinois que a 60 escolares iraníes es que la opinión pública europea ya ha tomado partido. Sabiéndolo o no.  ¿Dónde están los límites de Trump? Un presidente que no tiene el permiso del Congreso de su país, que ni siquiera lo ha pretendido, ¿podría hacer lo mismo que ha hecho con Maduro y Ali Jamenei con Putin, con el chino Xi Jinping o ese defensor de los derechos humanos y de las mujeres, el rey de Arabia Saudí Salman bin Abdulaziz y su hijo Mohamed? Miedo da pensar en manos de quién estamos. Y no pienso solo en Trump.