Francisco Rosell-El Debate
  • Ahora, mientras España se sumerge en la incertidumbre, esa tapadera se puede haber descorrido alumbrando una carga tan explosiva como la que justificó un sorprendente rescate de una aerolínea que transportaba mercancías tan singulares como para merecer tan altos como sospechosos padrinos

Aludía la otra noche Esteban Urreiztieta, gran periodista de investigación al que conozco bien de mi época de director de El Mundo, en Horizonte de Cuatro, a la anécdota que refiere Zapatero para poner en valor sus tratos con la satrapía venezolana ante la que nunca fue mediador imparcial, sino un agente chavista, como corroboró admitiendo que no ha hablado jamás con María Corina Machado, líder natural de la oposición democrática. Pero también ha arrastrado a España a una situación imposible al propiciar su ruptura con sus aliados occidentales hasta negar asistencia a EE.UU. desde la base de uso conjunto de Rota en su ofensiva contra el régimen de los ayatolás iraníes.

Como era previsible el dúo Sánchez-Zapatero ha venido a la Tierra, como exclamó la madre de Ricardo III sobre el tirano, para hacer de ella un infierno. Si el primero alentó a los socios del Grupo de Puebla a ponérselo imposible a EE.UU. en favor de China, Sánchez ha terminado exponiendo a los españoles tras el dictum de ayer de Trump, mientras se reunía con el canciller alemán Merz: «España es un aliado terrible, no queremos tener nada que ver con ellos». En Rabat, deben celebrarlo a la espera de que recalen allí las bases norteamericanas como ya amenazó Hillary Clinton a Zapatero. Un bobo solemne y un mentecato sin escrúpulos ya tienen el lugar en la Historia que pretendían a costa de la seguridad y la libertad de los españoles.

Volviendo al episodio del vuelo de Zapatero, al verlo curiosear la videoteca de la aerolínea comercial que le trasladaba a Caracas, uno de los pasajeros se animó a recomendarle Misión imposible, el serial de acción que interpreta Tom Cruise, lo que le sirve para subrayar su ímproba tarea. Sin embargo, lo que comienza a tornarse comprometida es su posición tras quedar atrapado el lunes en el desfiladero de la Comisión del Senado sobre el mal llamado ‘caso Koldo’, al ser éste sólo un peón de una trama que involucra a Zapatero y a Sánchez.

Lejos de servir de punto de inflexión, comprometió su estado judicial quien aparentó ser una especie de viajante de comercio que tarifaba como autónomo sus trabajos hasta salir del Senado retratado como un lobista de intereses espurios. De hecho, entró risueño como un anuncio del limpiametales Netol hasta que se le fue agriando una sonrisa hecha mueca, mientras se calaba –como Sánchez– unas gafas que dulcificara su turbada faz de Joker. Puesto contra las cuerdas por el portavoz del PP, el veterano de guerra Fernández-Maíllo, Zapatero retornó a ser aquel que amenazó al ganador de las elecciones venezolanas, Edmundo González, en su encerrona en la embajada española, con que él también podía ser un chico malo.

Así, frente a los sólidos documentos gráficos y pruebas aportados por El Debate, gracias a Alejandro Entrambasaguas, el expresidente adoptó en la Cámara Alta el porte desfachatado de la célebre Madame de Sommery. Pillada «in fraganti» por su marido, mientras holgaba en su lecho nupcial con un amante, esta dama de alta alcurnia y baja cama negó audazmente lo que estaba a ojos vista. Como el humillado cónyuge no cejaba en su cólera, le endilgó con procaz descaro: «¡Ah, bien veo que ya no me amas y crees más lo que ves que lo que yo te digo!». Otro tanto Zapatero, quien apetecía que los comisionados –de hecho, fue como obraron separatistas y filoetarras– profesaran, no lo que podían percibir con sus pupilas, sino el cuento que les narraba cada vez con peor talante en un mal recital cuando en casa tiene una soprano como Sonsoles Espinosa, la madre de sus hijas.

Es más, el Bambi de su mocedad política lanzó un berreo de padre y muy señor mío contra quienes deslizan que, como trascendió tras su inmortalizado encuentro en los montes del Pardo con su supuesto testaferro Julio Martínez al cuadrado y el posterior borrado de datos por parte de éste, podría haber dado un soplo a su compañero de banderías antes de la detención por parte de la UDEF. Ello tenía su aquel habida cuenta cómo su Gobierno se la jugó, para no interferir sus apaños con ETA, al entonces juez Marlaska con el chivatazo sobre la redada del aparato de extorsión de la banda en el bar Faisán de Irún.

No se sabe si fue por arrogancia o vanidad lo cierto es que Zapatero quiso menospreciar a la oposición con la altanería de aquel director general de la RTVA en tiempos del absolutismo socialista que, al acudir a la comisión de control parlamentaria, les transmitió que no le fueran con pendejadas, pues acudía «chungo de papeles» sobre los contratos de las «productoras pata negra», por lo que ahora se enfrenta a una situación chunga. Como vaticinó ayer el comisionista Víctor de Aldama en El programa de Ana Rosa, luego de desenmascarar sus mendacidades en el Senado, no hay que excluir que el lobista Zapatero ronde el presidio si la Justicia obra con el canon francés con sus expresidentes Chirac o Sarkozy.

Ya nadie puede creerse –y mucho menos a tenor de sus vidriosas justificaciones– que Zapatero fue un mero consultor de «Análisis Relevante», en cuya génesis participó junto a Julio Martínez Martínez, su hombre en Telefónica, Javier de Paz, y de otro directivo de la compañía, Sergio Sánchez (ahora en Movistar Plus), aunque tanto padrino y apadrinado –Zapatero&Paz– soslayaron figurar como accionistas a la hora de registrar la sociedad.

Curiosamente, los aparentes «análisis relevantes» –en realidad, un «copia y pega» enjaretado por inteligencia artificial– sólo movieron el interés de la aerolínea Plus Ultra beneficiada con 53 millones en 2021 cuando estaba quebrada antes del COVID y poseía un solo avión, por lo que su aliciente estratégico era únicamente para quienes se lo llevaron crudo. Ello abunda en que los 463.000 euros que cobró Zapatero, así como los 198.000 de sus hijas, pudieran corresponder a la liquidación de las comisiones fijadas en el borrador de contrato que la Policía halló en el ordenador de su amigo Martínez investigado por blanqueo y organización criminal, por el que Plus Ultra le abonaría el 1% de comisión por el montante de las ayudas públicas que cosechara, esto es, 530.000 euros.

El gatuperio adquirió tintes de sainete cuando, al recordarle Fernández-Maíllo que Sergio Sánchez (el ex CNI) había declarado que los 15 informes los escribió él, aseveró que su contribución fue «informes orales» que su amigo doble Martínez transfería a clientes anónimos para él. Bajo esa falsía, todo avizora que Zapatero ha podido usar una sociedad instrumental típica para actividades delictivas por un salvamento que nunca debió autorizar Sánchez. Ello acreditaría que pudiera estar «pringado hasta el cuello» quien no quiso contestar nada sobre la multinacional Huawei al temer a esa conexión suya más que a un cable pelado y tener mucho que ver con el aislacionismo español con respecto a Occidente y orbitar en torno al régimen de Pekín.

Por eso, volviendo al inicio, aquel viajero que le aconsejó a Zapatero Misión imposible tampoco hubiera errado, sin substituir al protagonista, proponiéndole «La tapadera». En ella, Cruise encarna a un prometedor abogado de Harvard que, pudiendo aspirar a afamados bufetes, ingresa en uno de Memphis especializado en voluminosos patrimonios. Colmado de atenciones en su bienvenida, descubre que su honorable fachada camufla una terrible evidencia que no advertirá en toda su enjundia hasta que se le hace el encontradizo alguien que dice ser del FBI y que persigue el blanqueo de capitales por el crimen organizado. Ahora, mientras España se sumerge en la incertidumbre, esa tapadera se puede haber descorrido alumbrando una carga tan explosiva como la que justificó un sorprendente rescate de una aerolínea que transportaba mercancías tan singulares como para merecer tan altos como sospechosos padrinos.