Teodoro León Gross-ABC

  • El cinismo de Sánchez es oceánico pero le funciona

Más que confiar en el lema oportunista del ‘No a la guerra’, en La Moncloa parecen confiar en el PP y su capacidad de enredarse. Ya es proverbial la habilidad en Génova para dispararse en el pie mientras cargan sus armas dialécticas. Por alguna razón misteriosa sucede una y otra vez, ante los pactos con Vox, la masacre palestina, el escudo social, las redes sociales y hasta la inmigración. Un castizo diría que se hacen la picha un lío, pero el PP no está para más autolesiones. Los sondeos constatan el declive de la candidatura de Feijoo, que ya se aleja del 35 por ciento que marca una victoria con autoridad convincente. Sobre la guerra y los desplantes de Trump a España –porque habla de España, no de Sánchez– el PP tendrá que acertar a estar en su sitio. Claro que Sánchez no piensa en el interés general, sino en sus intereses particulares… pero Feijoo y los suyos deberán sortear la trampa que les plantea el Tahúr de La Moncloa, para variar de farol.

La intervención militar contra Irán ha facilitado a Sánchez una vuelta al imaginario del ‘No a la guerra’ y el Trío de las Azores en 2003, hasta quedarse a cinco minutos de pedir que se rodeen las sedes del PP, seguramente confiando en que ya se ocuparán Rufián y Belarra de eso. Total, quien dice Irak, dice Irán… Ya sentirán haber llegado una semana tarde para los Goya, porque el aquelarre habría sido de aúpa. A kilómetros se le ve las costuras a la operación de propaganda, pero hay un riesgo que el PP no puede permitirse: dar la apariencia de situarse en el ‘sí a la guerra’ o un ‘sí a Trump’. Ahí los busca Sánchez con todo el sanchismo al quite: contra Trump o con Trump. El PP necesita marcar bien los matices como otros países de la UE y la OTAN que no están con la guerra, pero no son elogiados por el régimen de los ayatolás, China, Hamás y los hutíes. Y percutir en el desprecio de Sánchez al Congreso, que ningunea un debate en la Cámara porque sólo le interesa la cámara del telediario para los treinta segundos de gloria del ‘no a la guerra’ que repite el corifeo sanchista como la salmodia de una secta.

El cinismo de Sánchez es oceánico pero le funciona. Alandete ha contado que tiene seducida a la ‘gauche divine’ americana, como a la europea, e incluso el ‘Financial Times’ lo bendice como el único líder que planta cara al matón de la Casa Blanca. Obvio: los demás no se mueven por postureo, sino por cálculos de riesgo para sus países. A esa izquierda fascinada le importa una higa si Trump acaba cumpliendo alguna de sus amenazas contra España e incluso volvemos a la Guerra Fría de hace 25 años cuando Zapatero desairó a la bandera americana. Sánchez sabe que le queda máximo un año, y puede decir aquello de «para lo que me queda en el convento…». De ahí el órdago. A ver si esta vez el PP tira de la ‘política para adultos’ sin dispararse al pie.