Jon Juaristi-ABC
- O de cómo no meter al Rey en un membrete
A la Vicevice, también conocida como la Sumafrutas tras la aplastante victoria de su partido en Castilla y León, le indigna que Núñez Feijóo enmiende la plana al Rey y se sitúe al lado de Hernán Cortés. Ella está con Moctezuma II, otro Sumafrutas vocacional. Lo cierto es que la obsesión con Núñez Feijóo como supuesto avatar de Hernán Cortés viene de lejos entre los comunistas. Pisarello lo puso de tal, hace exactamente tres años, por un motivo cualquiera que ya nadie recordaba al día siguiente. La cosa es mimetizarse con los improbables pueblos originarios de América exterminados por España, manía muy extendida entre personajes como Pisarello o la atorrante Sheinbaum, descendientes del reemplazo europeo de los supuestamente exterminados. Y manía que ahora también repunta en la exterminada tribu comunista autóctona de la metrópoli.
Moctezuma II, qué gran tipo. Digno de pasar al panteón de los grandes benefactores de la humanidad. Como decía Carlos Fuentes, se llevó su primer y definitivo susto de muerte cuando vio aparecer, por entre los volcanes de Anáhuac, a trescientos extremeños pequeñajos, cejijuntos y mugrientos, que venían al frente de mogollón de totonacas y tlaxcaltecas dispuestos a no dejar un azteca sano, hartos de guerras floridas y sacrificios humanos, o sea, de aquellas pías costumbres de Moctezuma II y su peña, que eran varones virtuosos e imbuidos de amor al prójimo.
Amor: he ahí el intríngulis, como lo ha sabido ver el Puto Amo, y nunca mejor dicho lo de Amo. El Amor con mayúsculas siempre ha estado en el lado correcto de la historia, aunque no en el de la Hortografía, pero eso tiene fácil solución: llámalo Hamor o llámalo hache, la cosa es que hames y no hodies. No vale compaginar ambas cosas, como Catulo: «Odi et amo: quare id faciam, fortasse requiris» («odio y amo, quizá preguntes cómo lo consigo»). La respuesta, como todo, en san Agustín: «Dilige, et quod vis fac». Ama y haz lo que quieras, incluso odiar. Quizá no es lo que quería decir san Agustín, pero es con lo que se ha quedado el personal. Sobre todo con la segunda parte: «Haz lo que quieras», regla única de la orden de los thelemitas de Rabelais y ley totalitaria por excelencia, pues hasta desobedeciéndola la cumples. Por eso a la izquierda le gusta tanto amar, con hache. Porque, si tiras el hodio por la escotilla, lo recuperas por el escotillón y solo pierdes una letra (o dos). «Odi et amo». Un pleonasmo.
En sus ‘Lezioni sull’odio’ (Einaudi, 2026), Michela Murgia escribe: «El odio es una cosa normal. Repetid conmigo: el odio es una cosa normal». Pero mejor no mencionarlo si no es mediante su eufemismo (el amor). No se debe ser tan explícito como los españoles de antaño, que se comían el mundo al grito de «¡Leña al moro hasta que aprenda catecismo!». Y luego nos quejamos, Pepita Millán.